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Roberto Fabelo: del sueño a la poesía

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En la generación de Nelson Domínguez, Pedro Pablo Oliva y Zaida del Río brilla el talento de Roberto Fabelo  premio nacional de artes plásticas.

Roberto Fabelo nació artista. Sus obras son apreciadas hasta por quienes no conocen mucho de arte. Transmiten emociones, se vuelven entrañables y queridas.

Roberto Fabelo. Foto tomada de Internet

Sus pequeños monstruos, sus dibujos forman parte también del imaginario colectivo. De sus manos nace el milagro. Ha confesado que dibujar es algo obsesivo, un vicio constructivo. La otra mitad de su vida está fuera del intelecto pero también le alimenta el arte.

Alguna gente cree que Fabelo es natural de la Habana, pero nació en Guáimaro, en Camagüey. Allí quedan aún árboles de aquel tiempo. La vida en pleno campo le encendía la imaginación: Jugaba a hacer figuras con cera de las colmenas, se apegaba a la naturaleza: la flora y la fauna quedaron como un recuerdo imposible de despegar. La imaginación iba formando el arte.

Hasta los trece años vivió la familia en el campo. En mil 959 el padre de Fabelo, miembro del Ejército Rebelde, fue a trabajar a la antigua provincia de Oriente. Comenzando la década del sesenta se trasladaron definitivamente para La Habana.

El origen de la vocación plástica de Fabelo puede encontrarse en las figuras de barro y cera de la niñez. Entonces, por supuesto, no había conciencia de este significado pero apareció un pariente remoto, pintor, aunque no de primera línea… Este hombre lo llevó al Museo Nacional a ver las colecciones de pintura. Este hecho y verlo pintar a él mismo lo impactó mucho. Luego continuó más conscientemente el camino del dibujo.

Impresionado por las obras expuestas en el Museo Nacional Fabelo se puso a trabajar con insistencia: copiaba los COMICS, un encuentro visual con la imagen impresa. Los controvertidos muñequitos se subestiman siempre pero para muchos fueron el inicio.  Roberto Fabelo es un ejemplo. Entonces se dio cuenta de que el dibujo le era tan necesario como el aire. Supo de la existencia de una escuela y trató de ingresar en San Alejandro pero no tenía la edad requerida. En el año  sesenta y siete se presentó a unas pruebas en la Escuela Nacional de Arte. Las habilidades nacidas del talento y el dibujo constante le ayudaron  a superar los exámenes previos.

Muchos pintores utilizan modelos. Hay imágenes clásicas de artistas con sus musas. La inspiración le viene a Roberto Fabelo desde adentro, desde sí mismo.

Sus  padres estimularon y respetaron siempre su vocación. El deseo permanente de realizar dibujos en cualquier superficie. Después de la plástica lo que más le ocupa es la plástica. Además del dibujo y sus técnicas prefiere la escultura. Prefiere el volumen, la dimensión, el carácter de las maderas, de las materias naturales. Hubiera podido ser escultor pero para fortuna del arte escogió el dibujo.

Él es sin dudas uno de los más exquisitos dibujantes cubanos de todos los tiempos, artista de pulso magnífico y atinado. La belleza y maestría envuelven su obra. Dibuja en cualquier lugar. El dibujo es el corazón de su vida.

Roberto Fabelo disfruta igualmente con VIVALDI, los Van y Tata Güines. La elemental conformación de un artista tiene diversas fuentes integrantes, dice Fabelo. Bebe de la fuente inagotable de los clásicos.

Hoy el nombre de Roberto Fabelo es uno de los más recorridos de la plástica cubana contemporánea pero no siempre ocurrió así. Se empezó a conocer desde el primer salón Juvenil de artes plásticas a comienzos de los setenta. Allí obtuvo mención. Este reconocimiento inicial, aunque modesto, le permitió ser un poco conocido. Luego se graduó y fue a trabajar a Matanzas.

El momento  del gran despegue estuvo en mil 984 con el premio de la  Bienal de la Habana aunque ya había tenido lauros incluso internacionales como en la Bienal de Arte contemporáneo de la India. Desde el premio en la capital de Cuba la trascendencia se hizo notar: llegaron invitaciones, posibilidades de exponer.

Roberto Fabelo se define como un dibujante ensimismado en los detalles, en los regustos por la técnica, en el empleo de los recursos hasta la exquisitez. Cree que Fabelo es uno solo pero variado. Conviven en él personalidades distintas unas de otras, esto se manifiesta también a la hora de crear.

Ama las maderas viejas, las maderas preciosas, los trozos de madera de las casas derruidas, todo eso tiene un atractivo especial para Roberto Fabelo. Si se dedicara a otra cosa sería a hacer muebles o esculturas con madera. Sin embargo trabaja el dibujo y lo hace muy bien. Los  monstruos de la imaginación hallan cuerpo preciso en el papel. Ante una obra de Fabelo creemos en su mágica existencia.

Los dibujos de gran formato los tiene que realizar con rapidez: trabaja con creyones gruesos y soluciona de un golpe: con intensidad grande en breve tiempo.  Las temáticas están casi siempre en las zonas más áridas y dramáticas, el propio artista considera: “que hay una asociación de ese gran formato con la brutalidad con que dibujo, donde uso como soporte el papel craff, ese papel torpe, de cartucho, que a veces se usa para envolver, todo lo contrario del material que uso en dibujos pequeños, muy elaborados, con plumillas, pincel y hasta con lápiz y bolígrafo donde hay como un sonido de cámara, más íntimo”

Fabelo considera su trabajo una sucesión de pequeñas obras o de una gran variedad de soluciones, de asuntos, de formatos, de diversas características.

A veces se impresiona con un dibujo hecho sobre un pedazo de papel en una mesa durante una reunión y lo disfruta más que obras aparentemente importantes, expuestas y llenas de premios.

Para Roberto Fabelo la plástica cubana vive un momento  revolucionario…Hay muchos artistas jóvenes haciendo algo novedoso con calidad y variedad extraordinarias, a un nivel muy alto. Hay más oficio que nunca aunque en apariencia las obras no tengan oficio. La presencia joven no es promesa, arriba a la madurez con un desenfado extraordinario.

La mezcla de experiencia de los veteranos y la gran variedad y hasta las posiciones ICONOCLASTAS entre los jóvenes caracteriza la plástica de hoy día en nuestro país, según Roberto Fabelo.

Con nostalgia dice que un hombre de cincuenta años no puede considerarse joven y en jóvenes manos está el arte cubano. Pero como la juventud está en el espíritu y la creación, Fabelo es apenas un adolescente.

Pocos conocen que la obra “Del sueño a la poesía” está  dedicada a Roberto Fabelo. La cineasta cubana Belkis Vega realizó una serie de video. Convencida sobre el valor del protagonista, Belkis encargó a Silvio Rodríguez el tema en el cual la música diera la imagen de Roberto Fabelo. El título tentativo del trabajo experimental era “Del sueño a la poesía “. Luego Belkis Vega quiso cambiar el nombre pero no pudo. Ya Silvio tenía hecha la canción, y muy bien hecha.

“Del sueño a la poesía” es el testimonio musical de la obra de Fabelo.
En este mundo lleno de intertextualidad y globalización encontrar un estilo resulta difícil. Extraño es situarse frente a la obra de un pintor contemporáneo y reconocer el autor sin mirar el pie de firma. Eso es posible con Roberto Fabelo, tiene algo entrañable: estilo.

De diversas fuentes se nutre la imaginación de Roberto Fabelo. La permanente capacidad de incorporar elementos es lo que da vitalidad a su vida y obra. Siente estar en un momento creador y al mismo tiempo se duele de  que el tiempo destinado a permanecer vivo no alcance.

Ojalá el tiempo siga acompañando a Roberto Fabelo en el tránsito continuo del sueño a la poesía, de la poesía a nosotros, de nosotros al infinito…Su obra perdura porque tiene el talento de los grandes, de los pocos escogidos.

Por: Grisel Chirino Martínez

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