Home » Estampas Cubanas » El fotógrafo ambulante

El fotógrafo ambulante

Share on Facebook
Post to Google Buzz
Bookmark this on Yahoo Bookmark
Bookmark this on Livedoor Clip
Share on FriendFeed

A pesar de resguardar de la intemperie a la tercera estatua bronceada bajo techo más alta del planeta, me refiero a La República con sus 17 metros de altitud,  la notoriedad en Cuba y allende los mares  del Capitolio de La Habana  está acuñada por la prestancia de un personaje, que al pie de la escalinata, detiene el tiempo humano con su caja negra.

Fotógrafo ambulante

¿Será acaso un científico proveniente de alguna galaxia cercana a La Tierra? Por supuesto que no. Es el fotógrafo ambulante y su gran cámara de cajón.

Se atrincheraba casi siempre en las esquinas de las calles Prado, Dragones, Industria y San José, o en las aceras interiores de los jardines de la imponente edificación, con el fin de congelar la imagen de la gente venida del interior del país y del extranjero, deseosa de poseer una fotografía con el Capitolio de fondo.

Los freelance del lente, porque eran varios, tenían un trato especial para el cliente de ocasión. No eran solamente buscavidas, atesoraban gentileza, arte y oficio.  Recuerdo que a los niños y niñas les hacían mil murumacas para que al sonreír quedarán presentables en la histórica foto. Yo fui uno de aquellos pequeños, que posaron  junto a la autora de sus días, en uno de los 56 peldaños que conducen al pórtico del emblemático Capitolio habanero.

Sin duda alguna, aquellos fotógrafos ambulantes que se cobijaban bajo un manto negro para el enfoque y el encuadre de las cámaras de cajón, quedarán por siempre en la memoria de las presentes y futuras generaciones de la hospitalaria y hechizante villa de San Cristóbal de La Habana.

Por Francisco Martínez Chao

No se aceptan comentarios