Como colofón de cinco días al hilo de sorpresa en sorpresa, este martes, después de haber montado y ensayado para la actuación de mañana en la Duke Ellington School of the Arts, ubicada en la celebre y lujosa localidad de Georgetown, donde han estudiado muchas de las luminarias del arte norteamericano. Recibimos también de absoluta sorpresa ¡la llamada de Ramón!, y por primera vez (guajiros al fin) ponemos el altavoz y así oímos y hablamos todos.
Lo primero, reconocer la risa estentorea de un cubano noble y bueno. ¡Quien asi rie no puede albergar maldad!, comentábamos después. Enseguida nos confiesa que está al tanto de todo lo que nos va pasando en esta gira, y nosotros le confesamos las muchas cosas que sobre él sabemos, a fuerza de preguntar y preguntarle a todos los que le han visto. Por ejemplo, conocemos de lo mucho que le gustan las latas de leche condensada, y de qué manera tan especial se las empina (carcajada Sonora de Ramón)…
Tambien de la vez que nuestro Embajador le obsequio una tableta de chocolate marca “Los Tres Mosqueteros” y esperó a que este se levantara y fuera al baño “para comerse – como le dijo después- por lo menos a seis o siete mosqueteros más” (otra carcajada mas sonora todavía) con la suspicacia inevitable: “¡Oyeme, y de dónde ustedes saben tanto, eh?!”, pero lo dice riendo, riendo a más no poder.
Su risa limpia y fuerte es de las que llenan el alma.
Una tarde en que conversamos mucho con el Embajador Jorge Bolaños, este nos contó cuánto le gustan a Ramón las novelas de aventuras y su predilección por Alejandro Dumas y “El Conde de Montecristo”. Hoy nos confesó al teléfono: “¡Cuánto me gustaría acompañar a La Colmenita en estas aventuras por todo el mundo que llevan el amor y la verdad!”
“Tú nos acompañas, Ramón; tú nos acompañas”, le recuerdan los niños, y Carolinita le canta, le canta bajito y tierno, y ese hombron grandotote suelta el primer: ”Oye, que me van a hacer llorar”. Luego nos dice que supo que habíamos invitado a Rene a ver “Y sin embargo” en el cine dentro de poco, y nos encarga: ”¡No dejen de guardarme un puesto a mí, eh!”
Nosotros para bromear con el hombre que ríe a carcajadas, le preguntamos: “… pero, bueno, Ramón, a ti ¿cuántos asientos te guardamos?” Se rie de la indirecta y nos dice: “Bueno, a mí tienen que guardarme unos cuantos” (ahí reímos todos como bobos), y el suaviza: “Sí, porque está mi mujer, mis hijas (ríe); yo tengo una familia muy numerosa”
Lilita le recita la carta de su hija cuando era muy pequeñita con el poema “Los Cuatro”, que le mandó a la cárcel. Ramón, el hombre grande y fuerte, el Campeón de Deportes en la prision de Jesup (en Georgia), como antes lo fue en la de Texas y en la de Kentucky, el que todos respetan y quieren, nos dice por segunda vez muy emocionado: -”Vamos, vamos que me van a hacer llorar…” Y nosotros que hace rato lo hacemos y ya casi no lo podemos disimular, le pasamos el teléfono a nuestro pequeño capitán, a Federico – el argentinito, el Che de este Granma-.y Federico sonriente le cuenta de cuánto lo queremos, de cuánto se le quiere en Cuba y en el mundo y Ramón le susurra: “Federico, yo te conozco y sé de ti. ¡Qué orgullo saludarte, mi’jo!” Y ahí le rogamos que guarde los pocos minutos de teléfono de que dispone para sus seres queridos, mientras le improvisamos a coro grande: “Ramón, ¡cuídate mucho, mucho, mucho!”, que nos sale directico del corazón.
Y cuando esta a punto de colgar, más fuerte que nunca sentimos que está todo el tiempo al lado nuestro, que está junto a sus hermanos, que tienen que regresar muy pronto a Cuba, que no es posible que la injusticia siga privándonos de oír las risas de estos hombres grandes y buenos con quienes hemos conversado como padres.
Antes de colgar, unas tres frases que hemos oído millones de veces, pero que en su voz serena y emocionada nos parecen nuevas, sus deseos de que vivan Fidel, Raul y la Revolución, y una profecía que nos regala y que guardamos hondo para el camino: “Ustedes, los niños de Cuba, son la garantía de que el futuro de la Patria y de la Revolución va a ser mucho mejor que lo que pudimos hacer nosotros”.
Texto: Carlos Alberto Cremata, director de La Colmenita, especial para Cubadebate
Fuente: Cubadebate




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