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Grandes percusionistas cubanos

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El Chori

Quien vivió en La Habana de los años cincuenta debe haber visto el nombre de El Chori en los más insospechados lugares de nuestra ciudad, Pues según cuentan, aparecía escrito con tiza blanca y letra muy pareja en paredes, portales, aceras, calles, en fin por todas partes.

¿Quién era El Chori? Ese era el apodo de un pintoresco personaje llamado en realidad Silvano Shueg.

Aunque desconocido para muchos, El Chori nació en Santiago de Cuba el 6 de enero de 1900, pero llegó a La Habana en mil 927. Y aquí comenzó a tocar timbales, tambores y cencerros en distintos cabarets de la Playa de Marianao.

El Chori percutía los instrumentos de forma muy peculiar y hasta disfrutó de cierta fama pues llegó a tomar parte en varias películas como Un Extraño en la Escalera y La Pandilla del Soborno. Además, compuso los sones La choricera y Hallaca de Maíz, pero nunca grabó discos, ni salió de la capital cubana, donde murió en abril de 1974.

El Chori se aferró a los bares de La Playa de Marianao como si no hubiera otro lugar en el mundo. Así lo hizo desde los años veinte hasta mil 960, cuando  por fin cerraron  esos espacios musicales.  Los tragos que se bebían en largas noches y un par de pesos eran todo el pago que recibían los artistas como él por su vida bohemia.

Sin embargo, El Chori logró trascender en nuestra historia musical y hoy lo recordamos como el extraordinario timbalero que fue y un gran amante de la rumba.

Chano Pozo

Chano Pozo

Chano Pozo. Foto tomada de Internet

A diferencia de El Chori, Chano Pozo no necesita presentación, pero como gran percusionista que fue, bien merece un espacio de lujo. El 7 de En ero de 1915 vino al mundo en un solar de la capital el inolvidable Chano Pozo.  Este notable conguero desempeñó un papel importante en la fundación del jazz latino al introducir elementos rítmicos e instrumentos de percusión afrocubanos al jazz americano.

Antes de la llegada de Chano, el único instrumento de percusión en el jazz era la batería, pero él popularizó las tumbadoras en Estados Unidos, allanando el camino a otros congueros como Mongo Santamaría y Patato Valdés.

Chano Pozo manifestó desde temprano gran talento para la percusión. Su manera de tocar las congas tenía cierto aire tribal y se entregaba por completo a la música. Así lo hacía lo mismo en las ceremonias de iniciación abakuá que en la escena. Por cierto, en esta última utilizaba cinco congas, por lo que fue reconocido como un gran virtuoso de las tumbadoras.

Además de destacado percusionista, Chano Pozo también componía con gran facilidad, siendo Manteca el más célebre de sus temas.

Luego de su triunfo en La Habana, Chano Pozo se fue a Estados Unidos, donde llegó a integrarse a la banda de Dizzy Gillespie.  Dicen que cuando Dizzy lo conoció le preguntó por pura casualidad: “¿Qué tu tocas?”. Y el cubano con su natural desenfado le respondió: “Lo que siento”. Porque en realidad nunca hubo una métrica en sus improvisaciones.

Con Gillespie, uno de los grandes del jazz en Norteamérica, Chano Pozo popularizó en mil 947 Manteca, su más célebre composición y con ella introdujo una sonoridad que marcó el inicio de la presencia de la música cubana en Estados Unidos.  La genialidad de Chano Pozo lo convirtió en leyenda. Por eso cuando murió a los treinta y cuatro años ya era una celebridad en el mundo musical.  Sin embargo, siempre vale la pena recordar una vez más a este notable percusionista que inauguró con las sonoridades de sus congas una nueva época en el jazz.

Pello el Afrokán

Pello el Afrokán

Pello el Afrokán. Foto tomada de Internet

Aunque se llamaba en realidad Pedro Izquierdo, trascendió como Pello el Afrokán, el creador del ritmo Mozambique. En el capitalino barrio de Jesús María nació el 7 de Enero de 1933 este grande de la percusión cubana. Según cuentan de sus ancestros heredó la creencia en los ritos afrocubanos y cuando tuvo edad para ello se incorporó a la sociedad secreta abakuá.

Pello el Afrokán trabajó como estibador en el puerto de La Habana, pero también desde muy joven creaba «jingles» para CMQ radio. Hacia 1959 fundó su propia agrupación con la cual se presentaba en centros nocturnos, aunque antes había transitado por muchas otras. En ellas se destacó no solo como un ejecutante de excelente “toque” profesional, sino también por su manera muy creativa y peculiar de sonar los instrumentos de percusión.  Fue así que se perfiló desde muy temprano como el futuro innovador musical que llegó a ser porque a Pello El Afrokán lo recordamos sobre todo por ser el creador del ritmo Mozambique.

El valioso aporte de Pello el Afrokán a nuestra música fue la combinación de su experiencia personal de gran percusionista con la innovación que realizó al crear el ritmo Mozambique. Como expresión musical bailable, el Mozambique sintetiza elementos de los toques afrocubanos y transformaciones rítmicas de la rumba con variantes de las congas de las comparsas cubanas.

El Mozambique fue estrenado en la televisión en 1963 y prendió rápidamente entre los jóvenes y la población cubana en general. Incluso, su apoteosis se enfrentó por un tiempo a la avalancha del pop y el rock que llegaba por entonces a Cuba desde el extranjero. Con sus actuaciones llenas de colorido, Pello el Afrokán supo ganarse la admiración y el respeto del público tanto en Cuba como en el extranjero, pues también se presentó en escenarios foráneos.

Su música ha quedado bien profunda en las raíces de nuestra nación, y en las influencias que mantiene sobre otros artistas cubanos de hoy que son sus deudores indiscutibles.  Pello el Afrokán, con su inolvidable Mozambique, repica todavía en los cueros de las tumbadoras cubanas.

Changuito

José Luis Quintana Fuerte

José Luis Quintana Fuerte, Changuito. Foto tomada de Internet

A José Luis Quintana Fuerte, todos lo conocen desde 1964 por Changuito, sobrenombre con el que lo bautizó el maestro Felipe Dulzaides durante su estancia en el grupo Los Armónicos. Nacido el 18 de Enero de 1948, Changuito acaba de cumplir 64 años, pero ha dedicado más de medio siglo a la percusión cubana, donde es considerado un verdadero maestro.

Fue el baterista fundador de Los Van Van y junto a Formell participó en la creación del songo, fusión de elementos percutivos con música beat y folclórica.  Changuito permaneció 22 años en esa orquesta y de ellos guarda entrañables recuerdos.  Pero un día decidió emprender su destino en solitario y al igual que en los tiempos junto a Formell su carrera musical ha ido en constante ascenso.

Aunque es un músico autodidacta, Changuito figura entre los intérpretes más renombrados de la percusión en el ámbito internacional. Y eso lo ha ganado a golpe de esfuerzos y estudios por cuenta propia hasta de ocho horas diarias con los diversos instrumentos percutivos. Changuito ha impartido clases en Alemania, Suecia, Argentina, Brasil, Japón… así hasta llegar a más de cincuenta países. Claro está, también lo ha hecho en Cuba donde cuenta con algunos alumnos que siguen de cerca sus sabios consejos.

Changuito se propone cada día nuevos retos: aprender más y tocar cada año siempre mejor que el anterior. Para eso estudia a diario y aún cuando no está tocando, en su mente sigue reproduciendo ritmos. Aunque prefiere las congas, este percusionista global domina desde ella y el bongó, hasta la batería y los tambores batás.

Y es que para Changuito la percusión es vida, movimiento y energía. Nunca oculta su pasión por esa forma expresiva que acerca y alegra a los seres humanos. Así es Changuito, una leyenda viva de la música cubana.

Los Papines

Los Papines

Los Papines. Foto tomada de Internet

Riqueza rítmica, agilidad en la improvisación, dominio de la técnica y un gran sentimiento en la ejecución de los ritmos afrocubanos distinguen a Los Papines…Un cuarteto de voces y percusión creado en 1957 por los hermanos Luis, Alfredo, Jesús y Ricardo Abreu. Los Papines constituyen una de las agrupaciones rumberas más conocidas en Cuba y en el extranjero.

Aunque lamentablemente  de sus fundadores solo permanecen en el grupo Jesús y Luis Abreu porque Ricardo y Alfredo fallecieron en dos mil nueve y dos mil uno respectivamente, pero la familia ha dado continuidad a la tradición con la incorporación de nuevos miembros al elenco.

Ahora Los Papines son un quinteto y bajo ese nuevo formato realizaron su primera gira nacional el verano pasado. Los Papines interpretan la rumba de manera original y con elementos novedosos, pues ejecutan el sonido primitivo y genuino del tambor. Se trata de un instrumento clave de nuestra identidad cultural, al que dotaron de alto vuelo y colocaron en las más exigentes salas de concierto.

Arte, sentido agresivo del ritmo y rigor en las ejecuciones se funden con extrema naturalidad en Los Papines.

Temas como Esto no lleva batá, Congas Habaneras y Mi quinto entre otros, han conformado por más de cincuenta años el repertorio de esta agrupación que cuenta con una amplia discografía y numerosas actuaciones para radio y televisión.

Como representantes de la rumba y embajadores de la música cubana Los Papines se han presentado en los más diversos escenarios del mundo porque ese original cuarteto de percusionistas y cantantes forman parte de los imprescindibles y antológicos de la más auténtica música cubana.

Por Grisel Chirino Martínez

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