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La música cubana y el ballet: inagotable fusión

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Cuba cuenta con una rica y trascendente expresión musical, tanto melódica como rítmica, de belleza y autenticidad reconocida por lo que es frecuente la presencia de obras de compositores cubanos de diferentes lenguajes en el repertorio del Ballet Nacional de Cuba (BNC).

Impromptu Lecuona

Impromptu Lecuona. Foto Nancy Reyes

Son numerosos los ballets montados con temas de importantes figuras del pentagrama nacional como Manuel Saumell, Ignacio Cervantes, José White, Ernesto Lecuona, Eduardo Sánchez de Fuentes, Félix Guerrero, Ignacio Piñeiro, Amadeo Roldan, Gonzalo Roig, José María y Sergio Vitier, Argeliers León, Juan Blanco, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Chucho Valdés, entre otros.

La presencia de la música cubana en el BNC está concebida desde el principio, según dijo Pedro Simón, investigador y crítico de danza, quién explicó que “existen documentos que lo sustentan, desde la fundación por Alicia y Fernando Alonso, cuando se planteaban sus objetivos  con el interés de que además de ser un ámbito creativo para los bailarines y coreógrafos también lo fuera para músicos, pintores, escritores”.

Con solo ojear el extenso repertorio acumulado durante 64 años por la compañía, en el cual la presencia de la música cubana es muy amplia, o citar galas como “El ballet en relación con las otras artes”, “El ballet y las obras dramáticas”, se puede constatar que la fusión de la música y las distintas expresiones del arte cubano con el ballet lo enriquecieron, al mismo tiempo que se beneficiaron la música y las otras artes.

La primera obra escrita especialmente para el ballet la compuso Eduardo Sánchez de Fuentes (1874-1944) en 1940 y la tituló “Dioné”. La pieza, con coreografía de Gueorgui Milenoff, tuvo su primera presentación en el Teatro Auditorium, con Alicia y Fernando Alonso en los roles centrales, y el acompañamiento de la Orquesta Sinfónica de La Habana dirigida por el maestro Gonzalo Roig.

Tres años después se estrenó una de las composiciones más significativas, entre las que se han realizado en Cuba para la danza, de José Ardévol (1911-1981), un ballet, coro y orquesta inspirado en un poema de José Lezama titulado “Forma”.

Sobre “Forma” el musicógrafo y escritor Alejo Carpentier afirmó que “es una de las obras más importantes que se han escrito en Cuba desde principios de siglo XX, tanto por la concepción como por la realización.”

Pedro Simón

Pedro Simón. Foto: Nancy Reyes

Para Pedro Simón, el compositor más coreografiado por el BNC es Ernesto Lecuona. “Su música se presta para la danza, tiene que ver con la danza, no solo por las danzas para piano que son formas musicales basadas en el baile sino por que en general toda su música hasta la vocal es bailable, realidad que ha inspirado con mucha frecuencia a los coreógrafos”.

Un ejemplo de la validez de la afirmación anterior es el ballet “Tarde en la siesta”, coreografía de Alberto Méndez, con interpretaciones del propio Lecuona al piano, que cuenta con una larga permanencia en el repertorio de la compañía. Se ha paseado el mundo entero  con gran éxito, con puestas en el Metropolitan Opera House, de Nueva York, Rusia, Inglaterra y Francia.  Resultaría muy extenso citar todos y todas las obras de los compositores cubanos presentes en el repertorio del BNC, entre los que figuran Argeliers León, “Toque”; Juan Blanco “El guije”; Sergio Fernández Barroso “La casa de Bernalda Alba”; Amadeo Roldán, “Fiesta negra”; Francisco Nogué “Versos y bailes” inspirados en textos de José Martí; Sergio Vitier, “Flora” basada en uno de los cuadros de la serie homónima de René Portocarrero.

La Campaña de Alfabetización, una de las empresas más extraordinarias llevada a cabo por la Revolución Cubana, sirvió de tema a Alicia Alonso para el ballet “La carta”, que estrenó personalmente en 1965 en la Ciudad Deportiva con música de Enrique González Mántici.

Cuba dentro de un piano

Cuba dentro de un piano. Foto: Nancy Reyes

Otros ballets son: “Remembranzas cubanas” con música de Manuel Saumell, uno de los grandes personajes de la música cubana en el siglo XIX y Edgardo Martín; “La giraldilla” que unía, nada menos que música de Esteban Salas, Manuel  Saumell, Ignacio Cervantes y Harold Gramatges.

Más recientemente la presencia de la música cubana en el BNC ha estado representada por Frank Fernández, “Involución”; Silvio Rodríguez, “Te conozco”; José María Vitier, “Contradanza uno y dos, y Pablo Milanés, “Amo esta Isla”.

“La música cubana ha sonado en el Metropolitan Opera House de Nueva York varias veces por el Ballet Nacional de Cuba”, enfatizó Pedro Simón. La primera vez que se escuchó allí la música de Amadeo Roldan fue en el Pas de Deux “Tropical” que bailó Alicia Alonso con el American Ballet Theatre en los años 50”.

Entre los acontecimientos, musical y coreográfico que marcan la fusión de la música cubana con la compañía, agregó Simón, se inscribe el estreno de “Tributo a José White”, el concierto para violín y orquesta de este virtuoso compositor, cuya partitura trajo del exterior el BNC. “Fue el rescate de una obra del gran compositor del siglo XIX”, precisó el también Director del Museo Nacional de la Danza.

Para el próximo octubre, esa leyenda que es Alicia Alonso, convertirá de nuevo a La Habana en la capital de la danza en ocasión del 23 Festival Internacional de Ballet y otra vez la música mundialmente famosa de Ernesto Lecuona sonará en una Gala en recordación al autor de “La comparsa” por el centenario de esta pieza que compuso cuando tenía 17 años.

Otro momento histórico de la fusión de la música cubana y el ballet.

Por Nancy Lescaille

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