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Crítica de la crítica: La Isla de la música no ha de ser la de los músicos olvidados

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Cuba es la isla de la música ¿eso es noticia? Resulta que un espacio muy pequeño se comporta de manera muy natural una polirritmia que pareciera inaudita para cualquier habitante de otro lugar y en correspondencia con ella, la cantidad de músicos que se producen por generaciones es también notable, lo mismo de academia que espontáneos, que aficionados.

A Cuba vienen a tomar referencias cultivadores de la salsa, el son, el bolero, la trova, el jazz latino, la música de concierto, la rumba, el danzón, el cha cha chá, el mambo y sus correspondientes estilos de danzar.

Buena Vista Social Club

La Isla de la música no ha de ser la de los músicos olvidados. Foto Internet

Pero hay un fenómeno registrado en las últimas décadas que atenta contra el patrimonio musical y la memoria histórica. Las jóvenes generaciones, muy comprometidas con los cambios de época y con la dinámica transformadora del país, se aferran a la música que le resulta contemporánea e incluso, exigen a sus exponentes celeridad en los hits que imponen haciendo “viejo” un número tras otro cuando apenas comienza a conocerse y desconocen la herencia cultural musical y danzaria que le antecedió.

Una vuelta por México y basta para comprobar cómo se mantienen vivos las rancheras y los corridos y junto a ellos, el mambo, el son y el danzón cubanos gozan de la preferencia de todas las generaciones de bailadores incluyendo los más jóvenes. Algo así como la samba en Brasil, la milonga en Uruguay, el tango en la Argentina, la plena en Puerto Rico, el merengue en República Dominicana o el ballenato en Colombia y en todos ellos, el fenómeno de la salsa con una base cubana y caribeña enseñoreándose y aún se escuchan y bailan los mismos éxitos y cantantes de los 70, los 80 y los 90 del pasado siglo.

Pero es que en las fiestas de los jóvenes cubanos se acepta saborear un buen número de aquellos salseros con composiciones de esos años y sin embargo, a la orquesta cubana se le exige novedad, un número cubano del año 2010 ya es viejo para los participantes de la misma fiesta y no lo es uno de salsa foránea de los años 70, por ejemplo.

Además de esa exigencia de novedad para los del patio por el bailador cubano de estos años, se desconocen muchos valores que constituyen glorias de la música cubana. Las encuestas están ahí. Tito Gómez, Barbarito Diez, Roberto Faz, Arsenio Rodríguez, Tejedor y Luis… son nombres que no se pronuncian ni se tienen en cuenta, sencillamente se desconocen, es como si hubieran sido exclusivamente para sus padres, abuelos y bisabuelos. Han oído del Benny y visto la película pero no lo disfrutan ni conocen su extraordinaria obra que aún hoy es paradigma para el continente.

Repiten de sus padres que Celia Cruz, Olga Guillot y otros que prefirieron otros escenarios fueron o son seres extraordinarios pero no reconocen a los contemporáneos de aquellos que quedaron en la patria y fueron tan magistrales ―o más, en muchos casos― que ellos, como si se premiara la diáspora y se castigara el asentamiento en la tierra natal.

Buenavista Social Club fue un proyecto que sacó del anonimato a muchísimas figuras olvidadas unas o apartadas otras, pero casi siempre desconocidas para los jóvenes al igual que Edesio Alejandro hizo justicia con Adriano Rodríguez, otra gloria cubana, pero por lo general, las figuras patrimoniales han quedado para el estudio de especialistas y no para el reconocimiento público. Y peor aún, la era del reguetón, el rap y el hip hop casi sepulta del gusto popular juvenil todo lo demás, ¿y la polirritmia cubana? Solo se salvan, a duras penas, el baile de casino y la nueva y novísima trova, heredera de la tradicional y solo por momentos y contextos.

La Isla de la música no ha de ser la de los músicos y la música olvidados. Se escuchan proposiciones.

Por: Rolando Julio Rensoli Medina
Tomado de Cubarte

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