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Músicos cubanos: Matamoros y Salcedo

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Miguel Matamoros

Miguel Matamoros. Foto tomada de Internet

Hace ahora 41 años, el 15 de Abril de 1971, dejó de existir el destacado guitarrista y compositor Miguel Matamoros, director del famoso trío que llevaba su nombre.

Fue un hombre multifacético por necesidad, pues antes de llegar a la cumbre de la fama en el mundo de la música, tuvo que desempeñarse en diversos oficios para subsistir, entre estos chofer, carpintero y  pintor de brocha gorda, entre otros.

El Trío Matamoros llevó su música a innumerables regiones del planeta, integrado por bien acopladas voces, el acompañamiento solo de guitarras y maracas y piezas compuestas en lo fundamental por su propio director.

Hablar del Trío Matamoros, es hacerlo de Miguel, quien fue su formador, alma y guía del colectivo derivado del antiguo Trío Oriental que integraban junto a él Rafael Cueto y Miguel Bisté. Ellos viajaron a la capital para actuar en teatros habaneros y a su regreso a Santiago, Miguel Matamoros incorpora a Ciro Rodríguez como segunda voz, dando nacimiento al más famoso de todos los tríos cubanos de todos los tiempos, el integrado por él, Ciro Rodríguez y Rafael Cueto.

Resultó  un prolífico compositor musical, que por su alta calidad melódica y rítmica, según sus biógrafos, enaltecen el patrimonio cultural cubano. En su repertorio se cuentan la criolla, la guaracha, el son y el bolero, entre otros géneros musicales. También cupo a Miguel la fusión, por vez primera, de dos de los más importantes géneros de la música cubana: el bolero y el son.

Sobre el Trío Matamoros dijo alguna vez el musicólogo cubano José Julián Padilla: La sonoridad característica del Trío Matamoros se debía a la voz y guitarra prima de su director que poseía una línea melódica instrumental con estilo punteado.

Rafael Salcedo de las Cuevas, importante compositor y pianista cubano nacido en Santiago de Cuba en 1844 y fallecido el 15 de abril de 1917, tuvo como principales contribuciones la fundación de una sociedad para la interpretación de la música de cámara, así como la creación de la Sociedad Beethoven.

Su propio padre, Pedro Celestino Salcedo, lo inició en la música, la que continuó con un organista de la Catedral santiaguera nombrado Isidoro Maton, quien le enseñó solfeo.

Asistió en París a una entidad adscripta al Conservatorio de esa ciudad, siendo alumno de madame Chatelet, donde realizó estudios de armonía, contrapunto, dirección orquestal y música de cámara, teniendo como profesores, además, a Félix Le Coupey y Hellen Bazin.

En 1875 fungió Salcedo como director de orquesta en Santiago de Cuba, influyendo en la vida cultural de la ciudad. También sobresalió como profesor  impartiendo clases sobre los grandes maestros del clasicismo. Condujo igualmente compañías en los famosos teatros de la época, como el Tacón, de La Habana, y el Reina, de Santiago de Cuba.

Sus composiciones musicales tenían un marcado acento clásico, aunque revelaba la huella romántica.

Como promotor cultural y ejecutante musical, Salcedo fue igualmente muy prolífico. En varias ocasiones presentó en Cuba compañías operáticas extranjeras, como la de Milán, dirigiendo además la de Alfonso Miari, la Tetrazzini, la Lombarda y la de Chalía Herrera.

Este santiaguero de pura cepa fue miembro de la Sociedad Filarmónica Cubana; uno de los fundadores de la sociedad lírico-dramático-literaria Liceo de su ciudad natal, y formó parte de la Junta Directiva del Ateneo en esa provincia cubana.

Por José Pendás

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