Hacer de la cultura escudo y espada de la nación, madre del decoro y savia de la libertad, es una de las máximas martianas hechas realidad en las Casas de Cultura municipales y otras instituciones afines en La Habana.
Allí fructifican los denominados Proyectos Comunitarios, enriquecedora iniciativa con la cual los habitantes de los barrios pueden dar rienda suelta a sus inquietudes pictóricas, musicales danzarías y teatrales, entre otras manifestaciones, asesoradas por los promotores culturales, instructores de arte e integrantes de la Brigada José Martí, una avanzada juvenil bien preparada para el desempeño.
Incluyen además la interacción entre artistas profesionales y aficionados, posibilitando a los últimos ganar experiencias y perfeccionar su labor, para mejorar la calidad de las presentaciones.
Pueden sumarse personas de cualquier edad y sexo, ávidos de fertilizar sus valores estéticos, amén de los aportes personales a la cultura el rescate de tradiciones locales.
En La Habana como en todo el país, los proyectos culturales defienden la identidad nacional, cuando los emporios mediáticos del arte intentan globalizar una cultura chatarra, ignorando las raíces, costumbres e idiosincrasia de los pueblos.
Para nadie es un secreto la escasez de recursos materiales en la Isla, sin embargo, la buena voluntad y el ánimo de sobrepasar cualquier obstáculo es paliativo recurrente de los cubanos en todas las aristas de la vida, en la cual el arte ocupa uno de los primeros lugares.
Y pregunto: ¿existirá otro país donde el arte sea de todos y para el bien de todos, como en la pacífica y solidaria Isla de Cuba?
Por Maria Regla Figueroa Evans










No se aceptan comentarios