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El Teatro Alhambra: cuna del humor criollo

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Transcurría en La Habana la década convulsa de 1890, cuando los catalanes José Ross y Narciso López decidieron construir una pequeña sala teatral para prosperar en el mundo del espectáculo. A unos 100 metros del placentero Paseo del Prado nació el antológico Teatro Alhambra.

Teatro Alhambra

Teatro Alhambra. Foto tomada de Internet

Allí pretendieron establecer una sede para  la zarzuela española;  pero  obviaron un detalle: cuatro cuadras más allá el Teatro Albizu se dedicaba al mismo género musical, con un elenco de categoría muy  superior. El  público,  ni  se  dio por enterado, y Narciso López optó por recesar.

Unos meses más tarde, el 21 de febrero de 1891, lanzaron otra variante: la zarzuela fue reemplazada por otras piezas más cubanas y momentos eróticos al estilo del vodevil. Los actores contratados no hablaban como españoles, sino como cubanos, y al apreciarse cierta agresividad contra España  los hispanos se alejaron del lugar. El reinicio de las hostilidades bélicas contra la metrópoli, en 1895, obligaron al cierre de la temporada en aquel primitivo Alambra.

Tres años después, durante la intervención yanqui en Cuba, aquel sitio acogió uno de esos music-hall de la época, con el nombre de Café Americano.

Finalmente, poco antes de comenzar el siglo XX, el escenógrafo Miguel Arias, el escritor Federico Villoch y el actor José López Falcó, conocido como Pirolo, alquilaron el local, retomaron la denominación de  Teatro Alambra e iniciaron una temporada ininterrumpida de casi treinta y cinco años, en la cual el sainete alcanzaría su máxima expresión  en todas sus variantes: costumbrista, el político, la revista de actualidad y el sainete de solar.

En total, se representaron allí más de dos mil obras, las cuales desfilaron por las tres tandas diarias del teatro. Además de la excelente música, los diálogos criticando la situación social y alguna mala palabra para tildar la sensualidad de las coristas, convirtieron  al Alambra en un teatro solo para hombres. Sería suficiente tan ineludible requisito para hacer de él un mito. Era, sencillamente,  el consabido culto a lo prohibido. Muchos querían saber qué pasaba en el Alhambra.

Los principales personajes del teatro cubano de la época eran el negrito, el gallego, el chino y la mulata. Ramón Espígul y Arquímedes Pous fueron dos de los famosos negritos de Alhambra y de las tablas cubanas.

El 18 de febrero de 1935, cuando uno de los últimos negritos del elenco, Enrique Arredondo, acababa de salir del vestíbulo, el pórtico del Alhambra se derrumbó. Jamás fue reconstruido; sin embargo fue en aquel  teatro donde el humor, la música y la picardía del cubano quedaron inmortalizados.

Por Leticia Guerra Quesada

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