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Convento e Iglesia de San Francisco de Asís: La música (Primera Parte)

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La iglesia de San Francisco de Asís en La Habana Vieja fue fundada por la Orden de San Agustín.  Es dueña de una rica historia asociada a acontecimientos relevantes ocurridos en el tiempo de la colonia: hospital de sangre cuando la toma de la Ciudad por los ingleses y sede de la primera escuela de San Alejandro.

Convento y la Iglesia de San Francisco de Asís

Convento y la Iglesia de San Francisco de Asís. Foto: María Regla Figueroa

Ubicada entonces en el lugar que hoy ocupa la Basílica Menor, según  narra Guillermo Gonzáles Acuña, miembro de la 3ra Orden Franciscana Seclar, la institución fue trasladada en 1635 hasta los actuales dominios, sitos en Cuba 452, por interés del gobierno español.  En 1842 ocurre un traspaso pastoral a la Orden de los Frailes Menores (primera orden que funda San Francisco de Asís).

González Acuña acota “los frailes menores estuvieron aquí hasta el año 2004 en que se produce otro traspaso pastoral esta vez a los Frailes Conventuales, quienes actualmente tutelan el templo.

La edificación ha pasado por tres procesos de restauración. El primero fue en 1925, a un costo de un millón de pesos, bajo el auspicio del fraile Juan Pujana, quien muere posteriormente en España víctima de una afección pulmonar. En esa ocasión la instalación recibió modificaciones en la sacristía, cancha deportiva y se sustituyó el piso de madera,  por este de granito. El  segundo data de 1947, entonces  se diseñaron  los frescos del altar mayor y el tercero se extendió  de  2003 a 2008 bajo la dirección de la Oficina del Historiador de la Ciudad, un trabajo realmente fabuloso. Sobre todo porque se hizo en condiciones económicas bastantes difíciles, sin embargo fue una labor de mucho cuidado y celo, que se reabrió  al culto cristiano el 4 de octubre de 2008, con la presencia de nuestro Cardenal Jaime Ortega.

Altar mayor

Fue hecho por el  arquitecto español Miguel Consister y está considerado por la crítica como uno de los altares más bellos de Cuba. Es ecléctico por  representar un conjunto de estilos, aunque el santuario en general es barroco mejicano. Se distingue además por tener luz natural, que le entra por la linterna de la cúpula irradiando  todo el santuario.

La Música un elemento importante  en San Francisco de Asís

La música como decía Martí, es el alma de los pueblos, ha existido siempre dentro de la liturgia cristiana, a partir  de los diferentes instrumentos de la época. Te puedo asegurar que un  servicio litúrgico sin música pierde espiritualidad. En nuestras misas utilizamos la música de órgano u organeta. Las personas designadas para tocar ese  instrumento son de la comunidad, ensayan hasta encontrar la necesaria sonoridad.  En otras ocasiones contratamos artistas del teatro lírico, para interpretar cantos como El Ave María.  Aquí tenemos un  sacerdote organista y a veces contamos para ese menester, con la presencia de dos jóvenes graduados en el Instituto Superior de Arte
La música en la iglesia también varía en dependencia de la celebración. Cuando son grandes solemnidades,  por ejemplo las misas en el vaticano o la festividad de la semana santa, se utiliza la música coral con una sonoridad diferente, en muchos casos aplicando un tipo de armonía distinta para cada parte de la ceremonia.

“En nuestro santuario la acústica es importante y a la hora de las  interpretaciones la tenemos en cuenta  Por ejemplo en el lateral derecho es más débil que  en el centro,  y en el  izquierdo mucho más fuerte que en los anteriores. Es decir,  lo que llamamos retorno de la voz, varía en dependencia del lugar sonde estés situado. Es algo interesante hecho ex profeso, un recurso  que hoy no se aplica porque cada época tiene sus cánones”.

La iglesia de San Francisco de Asís (El Nuevo), es una joya arquitectónica donde los cantos sacros y la armonía del órgano ratifican a la música como un elemento primordial,  presente en todas las aristas de la vida. Un componente que no escapa a la liturgia o servicio cristiano, por el contrario,  eleva la espiritualidad y belleza estética de las solemnidades.

Por María Regla Figueroa Evans

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