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La radio cubana: un caudal de experiencias exquisitas

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La radio cubana está de fiesta — celebrará sus 90 años el próximo 22 de agosto— y se engalana con sus mayores virtudes: poder llegar hasta el último rincón de cualquier geografía, ser recibida por el oyente de forma personal y asaltar su pensamiento con magia, encanto y atractivo únicos.

Licenciada Josefa Bracero Torres.

Josfea Bracero: Locutora, periodista, escritora e investigadora de la Radio Cubana.

Este medio de comunicación cuenta en la isla con una amplia historia que, precisamente ha estado escribiendo en los últimos años Josefa Bracero Torres, una destacada locutora, periodista, investigadora, e historiadora de la Radio y TV. Ella gentilmente nos concedió la siguiente entrevista.

Comencemos hablando de lo que más admiras de la radio.

“Lo que más admiro es la imaginación. El hecho de imaginarse rostros, de poder viajar en el tiempo, no importa el lugar a donde fueras. Salir del pequeño entorno en que estás para nutrirte de conocimientos universales, de lo que está más allá.

Por ejemplo, yo me crié en el campo cubano y por la radio pude conocer la obra de Rómulo Gallegos, la música en todas sus manifestaciones, los grandes conciertos, los grandes teatros. Para mi fue como un embrujo. Esas son las cosas que más admiro de la Radio”.

Refiérase al impacto de la radio en la población cubana.

“Recientemente yo estaba revisando un censo de 1953 y pude conocer que, a pesar de la pobreza, en el campo la radio tenía penetración, no así la televisión. En aquel momento el por ciento de equipos de TV era bajísimo, sólo para la clase media y de ahí para arriba. La radio, por ser un artículo menos caro, y por su enorme alcance, resultaba más accesible. En el orden internacional considero que las ondas de Radio Habana Cuba vienen siendo como la Internet de los pobres porque llegan a todos los lugares por onda corta, o sea, que el alcance de la radio es ilimitado. Un medio de masas, que bien aprovechado puede tener un impacto extraordinario en la población desde el punto de vista de la elevación de su cultura, de los conocimientos en general, y para mantener a la población bien informada. En fin todas esas virtudes le veo a la radio”.

Hasta el 2004 usted ocupó la vicepresidencia del Instituto Cubano de Radio y TV (ICRT) ¿Cuántas veces participó en la inauguración de emisoras en lugares intrincados de la geografía cubana?
¿Qué memorias tiene de esos momentos?

“Fueron 20 años como vicepresidenta. No hubiera querido ser dirigente ni en la Radio ni la TV porque a mi lo que me gustaba era el sector artístico en general: ser locutora, ser narradora de programas -me enteré hace poco que soy la primera narradora de novelas de continuidad en nuestro país-, incursionar en todos los géneros periodísticos, porque soy periodista, ser directora de programa, en fin todo lo que tiene que ver con el arte dentro de la radio. Pero un día, prácticamente por accidente, me nombraron directora provincial, después vicepresidenta de radio y como dice Silvio Rodríguez, caminando fui lo que fui. Entonces dije: desde cualquier lugar voy a hacer arte, y eso fue lo que traté de hacer, aunando voluntades, apoyándome en los colectivos. En el momento en que llegué, en 1985, la radio nacional tenía un colectivo muy capaz.
Busqué experiencias en personas como Antonio Vázquez Gallo, Oscar Luis López, Roberto Garriga, José Manuel Carballido Rey, Amaury Pérez (padre).
Nos dedicamos a elevar el nivel de la radio en municipios y provincias a tal punto que un programa de radio municipal ha podido competir en Festivales con emisoras nacionales y ganar el primer lugar. También trabajamos para lograr que la radio fuera más culta, que estuviera presente con muchos temas de interés de la gente.

Respecto a la inauguración de  emisoras te cuento que inauguré 19 emisoras en esos 20 años. Emisoras de radio que se hicieron la mayoría en el Periodo Especial—los años 90— gracias a la voluntad de los gobiernos y el partido en los municipios de cada provincia. Por ejemplo, Santiago de Cuba contó con una emisora en cada municipio en  zonas de montañas. En lugares donde no se pudo constituir la emisora se crearon estudios para poder tener un periodista que conectara la vida de cada municipio con las emisoras provinciales y nacionales. Esos fueron logros que siempre voy a recordar con mucho cariño, fundamentalmente por el esfuerzo de los técnicos, trabajadores, periodistas, artistas y escritores que laboraron e hicieron maravillas durante todos esos años en las emisoras para ser baluartes de la información y de la cultura en todo el país”.

¿Alguna anécdota de esa etapa?

“Anécdotas propiamente en las inauguraciones de las emisoras no, pero está el hecho fundamental que a esas emisoras municipales, situadas en lugares intrincados del Segundo Frente Oriental Frank País, el Tercer Frente Oriental Mario Muñoz, zonas montañosas, los muchachos llegaban a la radio graduados en Periodismo, Historia del Arte, Filología.  No estábamos en presencia de personas autodidactas que llegaban porque le gustaba el medio. Eso no como anécdota sino como una realidad del avance educacional del país del que nos fuimos nutriendo. En los lugares donde antes se ponía la música del que llamaba a la emisora de radio porque le gustaba un número, ahora, además de complacerlo, había un musicólogo o una persona que podía orientar desde el punto de vista de la calidad estética, la música a difundir.

Anécdota te diré una, pero de cuando yo era locutora de actos públicos. Estábamos en un desfile (1ero de Mayo) y en ese momento empezó un tremendo aguacero y aquel desfile que iba muy organizado comenzó a dispersarse, las personas lógicamente corrían a guarecerse en los portales, a sacar sombrillas y a mi se me ocurrió decir con lluvia o sin lluvia celebramos el 1ro de Mayo. La gente aun lloviendo salió de los portales techados y continuó la marcha. Al final el primer secretario del partido me pregunto ¿Quién te oriento eso?, y yo le dije: nadie, se me ocurrió ¿y si no hubiera salido como fue realmente?, acotó y yo emocionada respondí: es que tengo tanta confianza en mi pueblo”.

¿Podría recordar su estado de ánimo frente a un micrófono?

“Para mi ir al micrófono es un combate que tengo que librar. Lo primero que se debe hacer, yo como locutora lo hacía y pienso que debe ser así, es prepararse igual que un periodista ante la entrevista. Conocer al entrevistado, la psicología del entrevistado, la vida de éste con el fin de confeccionar un buen cuestionario. Me preparaba, documentaba del motivo de la actividad en la que iba a trabajar, iba como el que va a un combate. Decirte que no me ponía nerviosa no, era un manojo de nervios hasta que llegaba. Después ya delante del micrófono el público era mío. Manolo Ortega me dijo: el día que no te pongas nerviosa dejarás de ser artista, dejarás de ser locutora, yo me pongo nervioso siempre.

Cuando hago una actividad miro a una persona del público y me imagino un diálogo con ella, al hablar con uno lo estoy haciendo con todos. Ese secreto me lo dio también Manolo y después me lo ratificó Germán Pinelli”.

¿Le gustaría referirse a los Festivales de la Radio Cubana?

“Como locutora, como realizadora de programas participé en ocho festivales y organicé 20. Guardo con mucho cariño y para mi es de gran valor el primer diploma recibido en lo que fue el embrión del festival en el año 78. Gané el primer premio como locutora de un programa científico técnico llamado “El porque de las cosas” que hacía el escritor Luis Díaz Cuervo en Camagüey. Te decía que después de participar en 28 festivales, si tuviera que definir su validez diría lo siguiente: Los festivales han contribuido a elevar los contenidos y formas en la programación al propiciar la diversidad y desarrollo de géneros, entre ellos el documental, los programas de música infantil, sinfónica y coral, sobre temas especializados y se han ampliado los géneros dramáticos. Los festivales han motivado la reflexión sobre diversos asuntos porque tienen un evento teóricos con los realizadores. Esto es vital e importantísimo y además la vida de los festivales ha demostrado que no hay emisoras pequeñas ni grandes, la emisora del Segundo Frente, o de Santa Cruz del Sur o cualquier otra municipal o provincial, puede alcanzar el primer lugar por encima de Radio Progreso, Radio Rebelde u otra nacional. Cuando una novela de Camagüey o de Santiago de Cuba obtiene el Gran Premio queremos decir que aquí tenemos una radio uniforme con una calidad a nivel de todo el país. Pienso que el festival es algo que, si este año no se da la confrontación nacional, debe seguirse el año que viene, independientemente que se hagan eventos internacionales, porque los realizadores están inspirados, necesitan foguearse y la competencia muchas veces es la clave del avance”.

Me gustaría conocer algún momento imposible de olvidar de su carrera artística con Germán Pinelli, Consuelo Vidal u otro de los irrepetibles como usted los califica

“Tengo tres momentos que a mi me marcaron sobremanera como locutora.

El primero de fue en 1973, centenario de la caída en combate del mayor Ignacio Agramonte. Manolo Ortega presentó la actividad política. Ese magnifico discurso de nuestro Comandante en Jefe en la Plaza San Juan de Dios y después la actividad cultural la presenté yo. Fue mi debut en la TV. Ese día el trovador Silvio Rodríguez estrenó ese himno tan lindo que es “El mayor” y a mi me tocó presentarlo. Eso me marcó.

La segunda vez fue en el año 1977, estábamos en Camagüey cuando el 26 de julio y entonces se hizo la gala cultural desde la Plaza de La Libertad. En esa gala cultural en vivo para todo el país hubo tres parejas de locutores: Germán Pinelli, Consuelo Vida y Eva Rodríguez, junto a un locutor muy bueno de Camagüey Luis Cadenas. Y yo tuve la suerte de compartir la escena con José Antonio Cepero Brito, uno de los tres irrepetibles.

El tercer momento fue en 1979 durante el II Concurso  de Música Adolfo Guzmán, en el Teatro Carlos Marx, esa vez tuve de pareja a Ramón Álvarez Viejo, y también participaron todos los grandes locutores de la TV nacional. Son tres momentos muy importantes que yo guardo de ellos, con quienes mantuve una amistad entrañable”.

¿Qué se lleva usted de la Radio Cubana después de haberle entregado tantos años de su vida?

“Me llevo un caudal de experiencias exquisitas. Siento los numerosos proyectos que no logré realizar debido a mis cardiopatías isquémicas que me han llevado dos veces al salón de operaciones,  pero me llevo sobre todo el cariño de artistas, periodistas, técnicos. Cariño entrañable que durante todos estos años que no he estado en el ICRT, me jubilé en el 2004 a causa de mi enfermedad, se ha ido consolidando, porque nos seguimos llamando. Rosita Fornés me invitó a su espectáculo nuevo que es una maravilla. De Pinelli ni hablarte nos visitaba muchísimo y Eddy Martín era mi hermano, en fin son tantos, mencioné esos tres porque nadie se va a poner bravo. Se que ocupé un lugar en sus corazones”.

¿Qué satisfacciones le han producido su trilogía de libros Rostros que se escuchan, Silencio…se habla y Mujeres locutoras?

“Cuando hablaba sobre el significado de la radio para mi te decía que tenía rostros imaginados. Cuando yo escuchaba a Pinelli, Rosita, Cepero, a Marta Jiménez, Ernesto Galindo, a todos los grandes artistas que oía, eran rostros que me imaginaba. Después llegó el embrujo de la televisión, de momento en mi casa no pudimos tener la televisión, que llegó a Camagüey en 1952 cuando pusieron el repetidor. La CMQ fue la primera. Entonces fue que empecé a descubrir algunos rostros a través de la pantalla. Pero esos rostros imaginados después fueron mis amigos. Un día conversando con Pinelli le dije mi idea de hacer entrevistas a una lista de más de 150 nombres y me contestó: el día que culmines esa idea vas a tener la historia de la radio y la televisión cubana contada por sus protagonistas. Esa fue mi mayor motivación, me puse a trabajar. Ya son tres tomos. Desgraciadamente muchos se fueron sin poder ser entrevistados, otros ya estaban fallecidos, entonces en los dos últimos tomos opté por trabajarlos en el género crónica. Ya del primer tomo, Rostros que se escuchan, que fueron 46 entrevistas a personalidades, grandes figuras como Luis Carbonell, el Indio Naborí, han fallecido más de la mitad.  Silencio..se habla, es el volumen que mas trabajo me dio porque traté de hacer una síntesis desde que la radio se fundó el 22 de agosto de 1922 hasta el 2006 y digo a veces que es un libro un poco anónimo porque lo declararon libro de texto de la Escuela de Periodismo, no salió a la venta en las librerías y la gente me pregunta. El último, Mujeres Locutoras fue algo que se me ocurrió porque aquí se conocen de antes las mujeres líderes Consuelito con el jabón Rina, Ofelia Da Costa con el jabón Hiel de Vaca. Pero ¿cuál es realmente la historia de la mujer locutora en Cuba? Entonces me dediqué a hacer esa investigación sobre las primeras voces que se escucharon en las provincias y arrojó algo increíble. Muchas mujeres en la radio, el libro tiene 153 síntesis biográficas, tan sólo una representación de mujeres notables de la locución en Cuba, y 103 fotografías. Al triunfo de la revolución había 15 emisoras de onda media entre Camagüey y Ciego de Ávila y allí existieron locutoras, claro haciendo anuncios comerciales y fundamentalmente programitas dedicados a la mujer, a las cuestiones del hogar y esos temas, pero existieron. La gran explosión vino después porque a pesar que se eliminan los anuncios comerciales a principios del año 1961 la mujer adquiere un papel preponderante como locutora en la Radio y la TV con los mismos derechos que los hombres en programas musicales, noticieros y otros. Esos libros me han dejado mucha alegría, sencillamente no lo imaginaba. Te anuncio que sigo investigando y escribiendo, y habrá cosas”.

Josefa Bracero (Camaguey, 1942) tiene un caudal de experiencias exquisitas. No es casualidad que haya recibido el Premio Nacional de Radio por la obra de la vida y sea Artista de Mérito de la radio y la televisión cubanas.
Por Nancy Lescaille Torres

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