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Van Van… ¡Vamos, que viene el tren!

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Juan Formell y Los Van Van como el tren de la música popular bailable cubana

Juan Formell y Los Van Van como el tren de la música popular bailable cubana

“¡Atención!, para todos los bailadores del mundo/ La maquinaria ya salió/ Ahí na má/ Oh, Oh! Te figúrate que ya yo no (estribillo)/ Somos una maquinaria/ que si nos cambian los aros/ nos rectifican el cigüeñal/ nunca se va a parar/ La maquinaria es un tren/ una guagua/ una rastra/ un aeroplano/ un camión/ una lancha a propulsión/ Te figuraste/ te lo creíste/ pero yo creo que te confundiste, varón/ Tú te creías/ que ya taba cansao/ que taba achantao/ pero yo sigo plantao/ Anda ven y súbete/ a mi maquinaria/ pa que vea/ cómo las mujeres se menean/ lo digo yo/ y tú te figuraste/ que no taba en talla/ y con mi maquinaria/ sigo en la batalla/ ¡Atrévete! ¡Atrévete!/ Súbete en mi maquinaria/ pa que baile con cadencia/ pa que nunca te arrepientas/ de bailar con Los Van Van/ ¡de Cuba!/ Somos la más perfecta/ maquinaria universal/ imagínate si es un Van Van/ que lleva más de 40 años/ andando/ creando/ inventando…”

Lo anterior es el texto de una de las melodías que, en meses recientes, más ha sonado en mi populoso barrio de San Leopoldo, Centro Habana. Nuevamente Los Van Van, la formación encabezada por Juan Formell desde su aparición en los escenarios cubanos el 4 de diciembre de 1969, coloca un tema musical en la banda sonora de Cuba, para hacer bailar de lo lindo a buena parte de los moradores de este país.

Constituidos de inicio como un desprendimiento de la Orquesta Revé, Los Van Van es la agrupación musical que más ha hecho gozar al pueblo cubano en las pistas de baile y en las fiestas caseras, desde el 4 de diciembre de 1969, cuando su música se dejó escuchar por primera vez, a través de los altoparlantes situados en el Pabellón Cuba de La Rampa habanera.

De entonces a acá, muchos son los temas del ensamble que han captado el favor del público nacional y de parte de los amantes de lo que internacionalmente se conoce como “sonido tropical”.

En sus inicios, Van Van retoma las innovaciones que, en cuanto a formato, Juan Formell había experimentado con la Orquesta Revé, a saber: empleo del bajo eléctrico, organeta, guitarra eléctrica, sustitución de la flauta de cinco llaves (típica de las charangas cubanas) por la de sistema, trabajo vocal a partir del montaje de voces como en los cuartetos, así como un tratamiento orquestal diferente al que prevalecía por entonces, sobre todo en el área de las cuerdas, más utilizadas en forma rítmica que melódica.

A tales cambios, también se unía que las células rítmicas básicas sufrían una evidente transformación (con un específico figurado de piano y bajo), aspecto en el que la figura de José Luis Quintana (Changuito) desempeña un rol protagónico, al modificar los acentos del toque de la percusión y establecer una ampliación del set percusivo a partir de agregarle componentes a la batería. Así, el son sería abordado con elementos del rock y del jazz, para dar lugar a lo que se conoció como “songo”.

Juan Formell al centro, entre César Pedroso y Pedrito Calvo, en una de las formaciones legendarias de la orquesta

Juan Formell al centro, entre César Pedroso y Pedrito Calvo, en una de las formaciones legendarias de la orquesta

José Luis Quintana (Changuito), Raúl Cárdenas (El Yulo), César Pedroso (Pupi), Fernando Leyva, Jesús Linares, Orlando Canto, José Luis Cortés (El Tosco), Julio Noroña, Gerardo Miró, William Sánchez, José Luis Martínez y Miguel Ángel Rasalps (El Lele), junto a Juan Formell, fueron algunos de los músicos que, durante los años 70, lograron establecer un timbre y una sonoridad que ha devenido sello permanente en la obra de Los Van Van, más allá de cambios en la nómina de sus integrantes.

Durante el primer decenio de la agrupación, varios son los discos de larga duración que salen al mercado, a través del sello EGREM. Entre ellos cabe mencionarse Juan Formell y Los Van Van. Vol. I (1969); Juan formell y Los Van Van. Vol. II (1974) y Juan Formell y Los Van Van. Vol. III (1974).

Con el arribo de la década de los 80 y a partir de la salida de la agrupación del flautista José Luis Cortés (El Tosco), que hasta ese momento había tenido un peso fundamental en el grupo, particularmente a la hora de las improvisaciones con su instrumento; se decide hacer una nueva experimentación en el sonido Van Van y son introducidos los trombones, lo cual refuerza el registro central del ensamble, que se movía entre los agudos aportados por los violines y flauta, y los graves dados por el bajo y el piano. En el período también se incorporan las sonoridades procedentes de los sintetizadores, que aportan otras coloraturas y nuevos timbres al sonido de Van Van.

La llegada de 1990 trae consigo la irrupción en Cuba de lo que se conoce como Período Especial; es decir, la aparición de una prolongada crisis económica local originada por el derrumbe del antiguo campo socialista de Europa del Este, otrora soporte económico de la isla. Ante la urgencia de encontrar nuevas fuentes de ingresos para la maltrecha economía de la nación, el Estado otorga permiso para que disqueras extranjeras se asienten en Cuba y firmen en sus catálogos a artistas cubanos, que hasta dicha fecha sólo podían realizar contratos con empresas locales. Así, pequeños sellos foráneos se establecen en el país, como es el caso de la compañía de origen español Caribbean Production Inc., que llega a un acuerdo con Los Van Van para que sea una de las agrupaciones representadas en cuanto a la producción de fonogramas por dicha disquera.

Así, en lo que representa una tercera etapa en el accionar de Van Van, registran fonogramas como Disco Azúcar (1992); Ay Dios, ampárame (1995) y Esto te pone la cabeza mala (1997). Durante ese período, junto al clásico sonido del songo manejado por la agrupación, en el repertorio que aparece por esos años se aprecia la cada vez mayor incorporación de elementos característicos de la timba, manifestación de mucha popularidad entre los bailadores cubanos durante el último decenio del pasado siglo XX.

En la década también se sistematizan las giras internacionales de Van Van por Europa, continente en el que actúan en diversas ciudades y en prestigiosos festivales. Mientras tanto, por mucho tiempo a la orquesta se le negó la visa a los Estados Unidos. Se pensaba que el día que la agrupación irrumpiera en dicho mercado, ello le aseguraría (desde el punto de vista de la comercialización) una proyección global definitoria. Afortunadamente, llegó el momento en que Van Van se presentó en Norteamérica.

A la idea de que su música se conocería como se requiere, también contribuyó el hecho de que hacia finales de los 90, la agrupación firma contrato con la discográfica estadounidense Habana Caliente. Así se graba el disco Llegó Van Van, que en febrero de 2000 recibe el premio Grammy —máximo galardón otorgado por la National Academy of Recording Arts and Sciences (NARAS)— en la categoría de Salsa Tropical.

A los efectos internacionales, aquel acontecimiento debió ser muy bien recibido, sin embargo no tuvo la repercusión y cobertura de prensa que se esperaba. Es cierto que la decisión de otorgarle el premio a Van Van fue en extremo reñida. Allí no es habitual que una orquesta cubana bailable tenga pleno éxito y se lleve los más altos lauros, pues en dicho medio por lo general no se han promovido expresiones sonoras como el songo o la timba.

Llama la atención el hecho de que la discográfica Habana Caliente, la misma que grabó el fonograma premiado y que lo introdujo en Estados Unidos, no dio el reconocimiento que se suponía al hecho de haber recibido la distinción de la NARAS, a pesar de que el CD se vendió y agotó en una buena parte de las ciudades norteamericanas en las que se distribuyó e, incluso, no hizo nada para que el álbum se conociera debidamente en Europa y América Latina.

La historia posterior podría resumirse con decir que por causa de los desacuerdos entre la orquesta y la discográfica, la primera estuvo más de cinco años imposibilitada de grabar en estudio, problemas finalmente solucionados y que permitieron en 2005 la aparición del disco titulado Chapeando.

En el período comprendido entre esos dos fonogramas, varios cambios se suceden en las filas del ensamble. Así, José Luis Quintana (Changuito), César Pedroso (Pupi) y Pedrito Calvo se marchan de Los Van Van. El lugar de estas figuras es ocupado entonces por jóvenes talentos que, guiados por la impronta de Juan Formell, mantienen el sello del colectivo y, de paso, le impregnan la vitalidad de la sangre nueva.

CD "Arrasando", aparecido en 2009 bajo el sello EGREM

CD "Arrasando", aparecido en 2009 bajo el sello EGREM

La renovada formación saca al mercado en 2008 el Digipack Aquí el que baila gana (EGREM), contentivo de un DVD y de dos CDs, registrados a manera de colección antológica de sus grandes éxitos, con el encanto agregado de ser grabados en vivo. A lo anterior se une que en el material intervienen, como invitados, prestigiosos músicos y vocalistas pasaron por la agrupación en distintos momentos. En 2009, Van Van edita el disco Arrasando, también publicado por la EGREM.

En el caso de La Maquinaria, álbum contentivo de diez cortes y que viese la luz en el 2011 a través del aludido sello EGREM, es un fonograma en el que Los Van Van entregan una suerte de revival de la sonoridad que caracterizase a la agrupación durante el decenio de los 70. De acuerdo con esa intención retro, en los diez cortes recogidos en la producción fonográfica se respira un relativo alejamiento de los aires timberos que habían acompañado al ensamble en sus más recientes discos; y en contraste, hay una mayor presencia de elementos procedentes del son y de las formaciones charangueras.

Así, en el repertorio incluido en el CD, encontramos predominio del songo (esa contagiosa creación de Juan Formell, César Pedroso y Changuito), son, tumba-songo y merengue-songo. Inmersos en tal espíritu de tributo a códigos sonoros de una época pasada, en La Maquinaria retoman Los Van Van dos antiguas composiciones de Juanito, que fueran harto exitosas en su momento de aparición. “Recíbeme” y “Eso que anda” aparecen ahora con nuevas orquestaciones, pero que no cambian en esencia los signos distintivos que las tipificaron al darse a conocer allá por los 80.

En cuanto a las composiciones de estreno en el álbum, Juan Formell aporta tres piezas, las tituladas “Qué tiene ese guajiro que”, “Final”, y la que da nombre a la producción discográfica, “La Maquinaria”. Completan el CD los cortes “La bobería”, original del vocalista Abdel (Lele) Rasalps y el pianista Roberto Carlos; “Mis santos son ustedes”, perteneciente a la autoría del cantante Mayito Rivera (en la actualidad, fuera de la agrupación); “Yo no le temo a la vida”, acreditada al percusionista Samuel Formell; “Un año después”, bajo la rúbrica del flautista Jorge Leliebre; y “Control”, firmada por el guitarrista y cantautor Juan Carlos Formell, hijo mayor del líder de Los Van Van y músico con una vida muy activa en la escena latina de New York desde hace años.

Entre los mejores instantes del fonograma, en mi opinión figuran “La bobería”, con particular destaque para el Lele en las improvisaciones vocales; la cautivante hibridación entre merengue y songo que encontramos en “Un año después”, interpretada con mucha picardía por Yenisel; “Control”, a cargo de Mayito Rivera y donde el vocalista sobresale por la impronta guaguancosera; y “Yo no le temo a la vida”, en virtud del armonioso trabajo de toda la agrupación en aras de exponer el clásico sonido Van Van.

Importante en el resultado final de la producción discográfica es también la participación de artistas invitados. Son ellos el Coro Solfa, de la Schola Cantorum Coralina; Ángel Bonne, quien interviene en los coros y ejecuta saxofón; así como el trompetista Alexander Abreu, que en “Final” hace un solo sencillamente memorable. Con una tímbrica en la que los sintetizadores tienen un rol de mayor preponderancia que en fonogramas anteriores, La Maquinaria es un trabajo que —sin proponerse demasiadas complejidades en las orquestaciones ni piezas muy elaboradas en sus estructuras— ensancha los terrenos del songo, además de ratificar a Juan Formell y Los Van Van como el tren de la música popular bailable cubana.

Por: Joaquín Borges-Triana
Tomado de la Revista El Caimán Barbudo

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