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Enriqueta Almanza, más allá del piano

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Enriqueta Almanza fue para muchos la pianista acompañante más renombrada de Cuba, porque a lo largo de su carrera acompañó desde este instrumento a destacadas figuras de nuestra música como la desaparecida Elena Burke.  Incluso, todavía hoy muchos recuerdan los recitales que ofreció este magnífico binomio en los escenarios del Amadeo Roldán y de Bellas Artes.

Elena Burke  y Enriqueta Almanza

Elena Burke canta y Enriqueta Almanza la acompaña en el piano. Foto tomada de Internet

Corrían entonces los años iniciales de la década del 60 del pasado siglo, una época de oro para este difícil desempeño. Sobre esta arista de su quehacer musical apuntó en una ocasión: “El pianista acompañante es un colchón donde reposa el cantante. En el equilibrio entre estos dos factores está el éxito. Resulta ineludible una gran interrelación humana, técnica y de íntimas sensibilidades”.

También solía decir que ser pianista acompañante era una rara avis en vías de extinción, y es que no pocos consideraban y consideran esa labor como secundaria, sin reparar en que solo una gran entrega propicia un buen espectáculo. Desafortunadamente, la funcionalidad de la guitarra le ganó terreno al piano en el acompañamiento y en algunos espacios televisivos posteriores ni siquiera aparecía en pantalla el pianista acompañante.

De esto se lamentaba y fundamentaba sus preocupaciones sobre el futuro de esa profesión.

Sin embargo, ella nunca abandonó esta labor que iniciara con la soprano Florita Rizo, más tarde con el cuarteto de Orlando de la Rosa y finalmente con renombrados solistas como la Señora Sentimiento.

Además de pianista acompañante se destacó como repertorista, pero lo que tal vez muchos no sepan es que se interesó en esta labor de forma casual. De hecho, todo comenzó cuando conoció a Zenaida Romeu en una visita que le hiciera a la maestra Teté de la Fuente. Por entonces la integrante de la renombrada familia de músicos fungía como repertorista de la RHC Cadena Azul y luego de las recomendaciones pertinentes citó a nuestra protagonista para dicha emisora.

Enrique Almanza mostró su virtuosismo para el piano y comenzó a trabajar sin plaza fija, cubriendo suplencias en el acompañamiento a distintos artistas en los shows. Día a día se hizo repertorista, hasta que tuvo su propio programa Los cuentos de Mimi, en el cual asumió este rol a partir 1949, y sobre esta labor comentaba: “Uno debe orientar sobre las obras a montar por el cantante, ubicar nota a nota, escoger la tesitura adecuada y orientar la interpretación. No es lo mismo cantar, que interpretar. Eso lo olvidamos a menudo. Importa cada detalle y, por eso, constituye un trabajo bello y complejo”.

Pero al igual que con el pianista acompañante le preocupaba el destino de esta labor en tiempos en que proliferaban los grupos, y la radio necesitaba cada vez menos de los repertoristas. Sin embargo, fue un trabajo que nunca abandonó, pues hasta que tuvo fuerzas se desempeñó como repertorista en la Escuela de Superación Profesional Ignacio Cervantes.  Y desde sus aulas, a fines de los ochenta y principios de los noventa, orientó a la nueva generación de solistas a escoger sus repertorios con acierto.

Para algunos fue sencillamente la pianista acompañante o la repertorista…Pero otros la recuerdan como instrumentista de una típica de jazz y hasta como directora de orquesta durante una extensa gira europea. Sin embargo, lo cierto es que a esta emprendedora mujer muy pocas tareas del mundo de la música cubana le fueron ajenas. Tanto es así que también se destacó como creadora de música para niños y como arreglista y productora de discos.

Además  fue pianista acompañante del cuarteto de Orlando de la Rosa. Pero también trabajó en el cabaret Aloy, donde desde el piano dirigía la orquesta y compartía escenarios con renombradas figuras como Benny Moré y Ninón Sevilla, entre otros. Y aún así, encontró tiempo para hacer los arreglos musicales de las producciones de los cabarets Caribe, Parisién y el Salón Rojo del Capri.

Enriqueta Almanza continuó su labor de arreglista cuando asumió este quehacer en varias producciones del cabaret Tropicana. Y mucho más acá en el tiempo acometió la producción de algunos discos, entre los que se incluyó uno de Celeste Mendoza, la Reina del Guaguancó. Polifacética mujer, resultó una incansable trabajadora hasta su adiós definitivo el once de agosto 1996.

Hay una composición que sin excepción cantan todos los niños cubanos. Su título es Barquito de papel y la oímos frecuentemente al pasar por algún círculo infantil o durante un simple juego de los más pequeños de la familia. La autora de la música de este tema no es otra que Enriqueta Almanza.

Barquito de papel marcó una etapa de veinte años en la creación de obras infantiles por parte de Enriqueta Almanza junto a Celia de la Torriente, un período que comenzó en 1962 cuando fue llamada por la televisión cubana para trabajar como arreglista y asesora de programas infantiles. Colaboró al principio en el espacio televisivo Pionero cubano donde surgió el títere Amigo.

De hecho, su incursión en este medio se debió inicialmente a una necesidad de proporcionar música de contenido didáctico, tanto en los temas como en los géneros.

Pero en esa otra etapa de su carrera Enriqueta Almanza penetró en el corazón de varias generaciones de niños con canciones como El soldadito de plomo, el tema musical del programa Tía Tata cuenta cuentos, Boda bonita, El clavel y la azucena y por supuesto Barquito de papel.

Quienes veían a Enriqueta Almanza tan concentrada ante el piano o en sus clases en el Instituto Superior de Arte, no podían imaginar su gran sentido del humor. Y es que al decir de sus amigos y familiares, se le ocurrían las bromas y los chistes más insospechados. El carácter dulce y el extraordinario talento musical le atrajeron la admiración de un incontable número de artistas. Entre ellos Chucho Valdés, Frank Fernández, Elena Burke, Juan Formell, Marta Valdés, Omara Portuondo y muchos otros que harían la lista interminable. Para ellos y los demás tuvo siempre un trato delicado y respetuoso… Y de todos recibió a raudales, lo mismo que ella daba más allá del piano.

Por Grisel Chirino

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