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El 26 de Julio en la literatura

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La prosa y el verso revolucionario se hermanan para perpetuar en la memoria colectiva uno de los acontecimientos más transcendentales de nuestra historia patria: El asalto a los cuarteles Guillermón Moncada y Carlos Manuel de Céspedes el 26 de julio de 1953.

“Ya estamos en combate

para defender la idea de todos los que han muerto

para arrojar a los malos del histórico templo

por el heroico gesto de Maceo

por la dulce memoria de Martí…”

Si unos versos resumen el más infinito amor a la patria del joven revolucionario Raúl Gómez García, son aquellos que componen el poema inconcluso “Ya estamos en combate”. Vibrantes estrofas escritas al pie de la gloria, vísperas del Asalto al Moncada entre los días 17y 26 de julio del año del Centenario del Apóstol.

Raúl Gómez García recitó estos versos en la Granjita Siboney, momentos antes de ir al encuentro con la historia. Y aunque nadie puede asegurar si son continuación o respuesta a nuestro Himno Nacional, lo cierto es que formaron parte inseparable  de esa magnífica epopeya que fue el Asalto al Moncada.

Los jóvenes del centenario marcharon al combate con muchas de esas estrofas en la memoria. Los versos del poeta habanero se convirtieron en un nuevo motivo de inspiración para la lucha.  La literatura y la gesta se dieron la mano para perpetuarse juntas en una misma historia repleta de heroísmo y de amor a la patria.

“Ya estamos en combate…

en nombre de las madres y de los hijos de nuestra tierra heroica

en nombre del honor y del decoro que construyó su historia

por la estrofa magnífica del himno

que morir por la patria es vivir”.

Muchos de los jóvenes asaltantes corrieron la misma suerte que el poeta Raúl Gómez García tras los acontecimientos del Moncada. Fueron asesinados alevosamente aunque se le hizo creer a la opinión pública que habían muerto en combate. Fidel Castro, el jefe de la epopeya, salvó su vida y fue capturado unos días después junto a otros compañeros de lucha. El líder revolucionario en su condición de abogado asumió su propia defensa durante el juicio a que se le sometió por los sucesos del Moncada.

Sus palabras quedaron en la memoria nacional bajo el título de “La Historia me Absolverá. El trascendental alegato conocido como “La Historia me Absolverá” se convirtió de inmediato en un cotizado texto. Su carácter programático y de honda reflexión política sobre la Cuba de entonces no excluyó el vuelo literario.

Las citas extraídas de muy diversas obras del pensamiento filosófico y la literatura universal estaban presentes en la brillante autodefensa de Fidel…Mientras anunciaba una poderosa verdad. Tras la acción armada y la valentía manifiesta de aquel grupo de jóvenes, se hallaban los más nobles valores de la cultura nacional y del legado histórico de los independentistas cubanos.

Fidel después del asalto al cuartel

Un imagen de extraordinario simbolismo, en el Vivac de Santiago de Cuba. Es una de primeras fotos de Fidel después del asalto al cuartel. Foto Ernesto Ocaña

“La Historia me Absolverá” impresionó no solo por su contenido político, sino también por la belleza de su escritura y el alto vuelo literario. En el alegato de nuestro líder estaba presente la visión martiana en cada una de sus páginas y el conocimiento pleno del pensamiento del Apóstol. No en vano José Martí fue considerado  autor intelectual del Asalto al Moncada.

En “la Historia me Absolverá” Fidel dio muestras de una extraordinaria cultura adquirida a través de lecturas ejemplares. De hecho, refiere libros que también proponía al pueblo. Porque en el adelanto de su programa político hablaba del acceso a la educación como uno de los seis problemas fundamentales que la Revolución resolvería cuando lograra el triunfo.

No importa que en la lucha caigan más héroes dignos

Serán más culpa y fango para el fiero tirano

Cuando se ama a la patria como hermoso símbolo

Si no se tiene armas se pelea con las manos.

Ya estamos en combate…… ¡Adelante!

De nuestra lucha heroica depende la Cuba verdadera

La de furia loca de Gómez y Agramonte…

La de la lucha pura de Mella y de Guiteras…

Adelante, cubanos…… ¡Adelante!

Otra visión de ese momento crucial de la historia patria quedó registrada para la literatura por la pluma de la periodista Marta Rojas. Ella fue testigo excepcional del juicio por los acontecimientos del Moncada y ganó celebridad con su reportaje sobre este proceso contra el líder revolucionario y sus compañeros de lucha. Marta Rojas es la autora de “La generación del Centenario en el juicio del Moncada”.

Este es un libro testimonial que ubica los hechos en su ámbito político y social. Con su pericia y oficio de gran periodista, transmite al lector la intensidad de cada momento vivido  por los asaltantes antes y después de la acción del veintiséis de julio.

A la autoría de Marta Rojas pertenecen también otros dos títulos muy vinculados al tema.  “El que debe vivir” fue galardonado con el Premio Casa de las Américas y constituye un testimonio sobre el combate que librara Abel Santamaría en apoyo al Moncada.

“La Cueva del Muerto” publicado en mil 983 es otra de  sus obras testimoniales que aborda el tema de la ola de crímenes desatada por las fuerzas represivas del batistato en los días posteriores al veintiséis de julio del año del centenario del Apóstol. Marta Rojas resulta magistral en este trío de creaciones de honda trascendencia histórica. En ellas se aprecia esa simbiosis de literatura y periodismo que es el género testimonial.

Con toda certeza Alejo Carpentier reconoció a la autora ágil y talentosa, de profunda vocación periodística y perteneciente a la raza de reporteros a los que rindió homenaje Ernest Hemingway.

“Adelante cubanos… ¡Adelante!

por nuestro honor de hombres ya estamos en combate

pongamos en ridículo la actitud egoísta del Tirano

luchemos hoy o nunca por una Cuba sin esclavos

sintamos en lo hondo la sed enfurecida de la patria

pongamos en la cima del Turquino la Estrella Solitaria”.

Como resultado de los sucesos del Moncada, Fidel y sus compañeros de lucha fueron condenados a cumplir sanciones en el antiguo Presidio Modelo de Isla de Pinos. La cárcel siempre dura, lo fue mucho más para este puñado de jóvenes que por un período de cerca de dos años, tuvieron que posponer los sueños de liberar a la patria.

Sin embargo, durante todo este tiempo el líder revolucionario se propuso y convirtió la prisión en una nueva trinchera para continuar el avance hacia sus objetivos. Con férrea determinación Fidel se dio a la tarea de enfrentar el manto de silencio con el que la tiranía pretendía cubrir a los moncadistas…Y combatió el aislamiento forzoso al que estuvieron condenados por casi dos años.

El diminuto ejército de luchadores, organizados en torno a su jefe, no dejó espacio para el ocio ni el abatimiento. La Academia Ideológica “Abel Santamaría” rindió sus frutos, mientras los jóvenes se imponían un sistema de estudio riguroso y consciente en el que la lectura llenaba el tiempo de espera.

Los meses transcurridos en prisión resultaron ocasión propicia para que nuestro máximo líder reconstruyera la versión definitiva de La Historia me Absolverá. Su brillante alegato de autodefensa, cuya publicación y distribución también gestó desde la cárcel. Fidel desarrolló además un aspecto de singular trascendencia política e histórica: su orientación de volcarse hacia la movilización de la opinión pública en favor de los moncadistas y su programa revolucionario.

Desde la prisión fecunda  se gestó el futuro victorioso de nuestra patria. Fidel concibió, preparó y organizó todas las condiciones que le permitirían avanzar después de la creación del Movimiento “26 de julio”, a la expedición del Granma y la reanudación de la lucha armada contra la tiranía batistiana.

Mario Mencia, destacado periodista y acucioso investigador de la última etapa insurreccional, recogió en un libro toda esta experiencia vivida por Fidel y sus compañeros de causa.  “La Prisión Fecunda” es un título que expresa la esencia de los acontecimientos que en él se narran…Y constituye valioso documento para las más actuales generaciones de revolucionarios en el conocimiento de la historia posterior a los sucesos del veintiséis de julio de mil 953.

El poema Ya estamos en combate de Raúl Gómez García fue el  iniciador de toda la creación literaria vinculada a la gesta del 26 de julio de mil 953. Continúo, La historia me absolverá, texto de Fidel, que se ha convertido en uno de los  libros más leídos en todos los continentes. Los libros de Marta Rojas: “La generación del Centenario en el juicio del Moncada”, “El que debe vivir” y “La Cueva del Muerto” forman parte también de esta literatura del Moncada. Todos constituyen obras literarias de incuestionable valor histórico y artístico por la forma en que cuentan una historia que marcó el destino y cambió la historia de Cuba.

Por Grisel Chirino

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