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Conversación telefónica
con Gerardo Hernández —Primera Parte
Saul Landau
2009-04-16
Publicado en Progreso Semanal
Tomado de Antiterroristas
(Esta conversación tuvo lugar el 1 de abril
de 2009. Nuestro equipo de filmación recibió
la aprobación del Departamento de Justicia
para hablar con “el prisionero” en
presencia de un funcionario de la prisión.
Antes de su arresto en 1998, Gerardo dirigió
las operaciones de los otros agentes de la Seguridad
del Estado cubana que se infiltraron en grupos
violentos en el área de Miami con el propósito
de impedir que realizaran ataques terroristas
contra instalaciones turísticas en Cuba.
Tomamos cuidadosamente notas completas.)
Saul Landau:
¿Cuál era su misión y por
qué?
Gerardo
Hernández: En EEUU en general y específicamente
en la Florida, muchos grupos contemplaron y realizaron
actos de terrorismo en Cuba. Estábamos
acopiando información acerca de Alfa 66,
Comandos F4, la Fundación Nacional Cubano-Americana
y Hermanos al Rescate. Han pasado muchos años
y espero que nada se me haya escapado, pero creo
que esos eran los grupos principales en los que
trabajábamos (infiltrados).
Landau: ¿Qué
supieron por medio de su infiltración?
Hernández: Lo
primero que supe fue la impunidad con que operaban
esos grupos, violando las leyes de EEUU: la Ley
de Neutralidad (de la década de 1790) que
supuestamente significa que ninguna organización
puede usar el territorio norteamericano para cometer
terrorismo contra otro país.
En el caso de Alfa 66,
los operativos abordaban una lancha rápida
y disparaban contra objetivos en la costa de Cuba.
Cuando regresaban a Miami, celebraban una conferencia
de prensa y decían abiertamente lo que
habían hecho.
Y cuando alguien les
preguntaba, “Oigan, ¿eso no es una
violación de las leyes de neutralidad?”,
ellos respondían: “En realidad no,
porque primero fuimos a uno de los cayos en algún
lugar del Caribe y luego fuimos a Cuba. Así
que técnicamente no partimos de EEUU.”.
Lo hacían abiertamente y ninguna agencia
norteamericana les exigió responsabilidad.
Landau: ¿En
qué años?
Hernández: Esto
ha estado sucediendo desde 1959. Personalmente
comencé a dedicarme a esto desde la década
de 1990. Como he estado aquí en la prisión
de Victorville (California) desde hace unos 3
años, creo que en 2005 arrestaron a un
cubano en este país con un arsenal, todo
tipo de armas, todo tipo de armas en su casa.
Y lo primero que dijo que, “Bueno, yo soy
miembro de Alfa 66 y estoy usando esas armas en
la lucha por la libertad cubana”. Esa fue
su defensa.
Landau: ¿Los
Cinco de Cuba eran todos voluntarios? ¿Cómo
se prepara uno para infiltrar a un grupo enemigo
en un país enemigo? ¿Y luego actuar
como si ustedes fueran enemigos de su propio país
y amigos de ellos?
Hernández: Sí,
todos éramos voluntarios. En mi caso, yo
no soy un militar de carrera. Estudié para
diplomático. Me llevó 6 años
obtener mi título en Relaciones Políticas
Internacionales. Después fui a Angola,
como parte de una misión internacional
voluntaria. Y mientras estaba en Angola parece
que llamé la atención de los servicios
cubanos de inteligencia, y cuando regresé
me propusieron esta misión. Dijeron, “Sabemos
que estudiaste para diplomático, pero sabes
que nuestro país tiene una situación
con esos grupos terroristas que vienen de la Florida
para cometer todo tipo de crímenes y necesitamos
que alguien vaya y cumpla estas tareas”.
Pude haber dicho “No,
estudié diplomacia. Quiero ser diplomático”,
pero los cubanos, los que crecimos con la Revolución,
sabemos que durante los últimos 50 años
nuestro país ha estado en un entorno casi
de guerra. En Cuba, él que no conoce personalmente
a una víctima del terrorismo al menos sabe
acerca del avión que estalló en
pleno vuelo sobre Barbados, en el que murieron
73 personas (octubre de 1976). ¿Quién
no sabe de la bomba puesta por un salvadoreño
que dice que fue reclutado por Luis Posada, (en
1997) y que mató a Fabio di Celmo (un turista
italiano y huésped del Hotel Copacabana
en La Habana) para solo mencionar algunos actos?
En un jardín de la infancia los contrarrevolucionarios
pegaron fuego a un tanque de gas. Estas acciones
son parte de la conciencia cubana. Así
que dije a los oficiales de inteligencia: “Sí,
estoy dispuesto a cumplir esa misión”.
Landau: ¿Cómo
logró usted infiltrarse en esos grupos?
¿Cómo convenció a gente como
José Basulto (jefe de Hermanos al Rescate),
por ejemplo
Hernández: Para
los cubanos, en este país todo está
relacionado. Los cubanos en Estados Unidos tienen
enormes privilegios que no tienen los ciudadanos
de ningún otro país. Los cubanos
llegan por cualquier ruta, incluyendo con pasaporte
falso, y lo único que tienen que decir
es: “Vengo en busca de libertad”,
e inmediatamente EEUU les da todos los documentos
necesarios. Así que en el caso de Basulto,
por ejemplo, uno de nuestros compañeros
que se infiltró en Hermanos al Rescate
originalmente “robó” un avión
en Cuba. René (Gonzáles, otro de
los Cinco) pilotó el avión hasta
aquí y, como es costumbre, fue recibido
como un héroe. Recibió mucha atención
y luego se unió a los Hermanos. Su tarea
era acopiar información acerca de esa organización.
Así que si me
pregunta cómo lo hicimos, digo que usamos
como base para la infiltración los mismos
privilegios que todos los cubanos reciben cundo
llegan a este país, incluso a los que han
traído a otros y han secuestrado aviones,
o le han puesto una pistola en la cabeza al piloto.
Vea a gente como Leonel Matías, que mató
a alguien en un barco (en 1994 secuestró
un barco en Cuba y mató a un oficial de
la Marina). Él llegó aquí
en ese barco, con su pistola, e incluso descubrieron
el cadáver. Pero a pesar de todo eso no
tuvo que enfrentarse a ningún proceso en
el sistema judicial norteamericano. Esas personas
automáticamente son amnistiadas. Así
que usando exactamente ese tipo de ventaja, pudimos
penetrar esas organizaciones hasta cierto nivel.
Cuando menciono a Hermanos
al Rescate algunos pueden pensar: “Esa es
una organización humanitaria que rescató
a balseros”. Por el contario, mientras sus
actividades se limitaron a rescatar a balseros
no tuvieron problema con las autoridades cubanas.
Lo que la gente no sabe es que José Basulto,
el jefe de esa organización, tiene un largo
historial. Él fue entrenado por la CIA
y se infiltró en Cuba en la década
de 1960. En 1962 fue a Cuba en una lancha rápida
y cañoneó la costa cubana, incluso
disparó contra un hotel. Hasta Basulto,
con todo su historial conocido, no tuvo problemas
mientras limitó sus acciones a rescatar
a balseros. Sin embargo, en 1995 Estados Unidos
y Cuba firmaron acuerdos migratorios que especificaban
que los botes interceptados en alta mar ya no
vendrían a Estados Unidos, sino que serían
regresados a Cuba. En ese momento la gente dejó
de donar dinero a Basulto y su organización
porque dijeron, “¿Por qué
vamos a dar dinero a la organización de
Basulto? ¿Cuándo él llame
a la Guardia Costera van a devolver a esos balseros
a Cuba?”
Así que cuando
Basulto vio que su negocio estaba en peligro,
inventó esta invasión (en 1995)
del espacio aéreo cubano como forma de
que la gente siguiera donando dinero. Presentamos
esta evidencia en nuestro caso. Si la prensa no
ha querido prestar mucha atención a esto…
bueno, no quieren tocar ese material. No les corresponde.
Me refiero a la gran prensa. Los documentos están
ahí, que prueban que Basulto y Hermanos
al Rescate estaban probando armas hechas a mano
para introducirlas en Cuba
Cuando Basulto prestó
testimonio en nuestro juicio (en 2001), nuestro
abogado le preguntó que pensaba hacer con
todas esas armas. Todo esto se encuentra en las
actas, aunque nadie parece querer prestarle atención.
La gente tiende a hablar acerca de Hermanos al
Rescate como si fuera una organización
humanitaria, y omite la parte del terrorismo,
como omite el hecho de que el FBI también
penetró esa organización. El FBI
tenía a alguien dentro del grupo que le
daba información acerca de las actividades
de los Hermanos. ¿Para qué va a
penetrar el FBI a una organización humanitaria?
Entrevista
por teléfono con Gerardo Hernández
desde la prisión en EEUU (Parte II)
‘Parece
que habían visto muchas películas
de James Bond’
De las notas de Saul
Landau
Saul Landau: ¿Y Usted personalmente
conocía a algunos de estos terroristas?,
como usted los llamaba.
Gerardo Hernández:
No. Vi a algunos. Pero no tuve contacto. Se acusa
a algunos de nosotros [los cinco] de haber sido
oficiales ilegales. En el caso mío, yo
tenía una identidad falsa. Yo era Manuel
Viramontes. Yo recopilaba información que
me daban los agentes que mantuvieron sus propias
identidades, como en el caso de Rene González.
El mantuvo su propio nombre. El robó un
avión de Cuba. Alguien así cuenta
con la confianza como para poder acercarse a una
organización. En el caso mío no,
porque soy una persona que ni siquiera tengo una
historia verídica. Mi función era
recopilar la información que ellos me daban
y enviarla para Cuba.
Landau: ¿Usted
trabajo durante el día como diseñador
grafico, no?
Hernández: Era
más bien trabajo por cuenta propia. Al
menos era mi historia, ¿no? Llegue a hacer
algunas ilustraciones para algún periódico,
pero era básicamente una historia para
salvar la imagen.
Landau: ¿Entonces
tú supervisabas a los demás que
habían infiltrado a los grupos? Explique
como se hace.
Hernández: No
es muy conveniente dar muchos detalles, ¿no?
En los récords del caso esta documentado
que habían todo una serie de agentes que
tenían acceso a determinadas organizaciones
[terroristas]. Su función era precisamente
proteger a Cuba determinando de antemano los planes
[terroristas] de estas organizaciones, y previniendo
a Cuba.
Rene por ejemplo estaba
en Hermanos de Rescate, se enteraba, Basulto hizo
un comentario de que tienen un arma listo para
probar con unos blancos en los Everglades. Lo
están disparando y tiene una buena efectividad.
Y el plan es buscar un lugar en Cuba donde se
pueden descargar. Me avisaba por un sistema de
comunicación que teníamos previamente
acordado, digamos un beeper. Yo atendía
a su llamada, acordábamos en vernos también
con un lenguaje previamente acordado. Nos veíamos
en un lugar después de tomar todo una serie
de medidas y el me decía, “Mira esta
pasando esto, están probando un arma que
quieren introducir en Cuba.” O “Alfa
66 esta planeando una expedición. Se quieren
acercar a las costas de Cuba otra vez a disparar.”
O “Están pensando poner una bomba
en un avión que viaje de Centroamérica
a Cuba para afectar el turismo.” ¡No
estoy inventando nada! Entonces les instruía
en como buscar más información sin
tomar riesgos innecesarios. Y mandaba información
para Cuba y Cuba me respondía, “Es
necesario hacer esto, hacer lo otro, buscar información
por esta vía, por la otra.” Básicamente
ese era el trabajo.
Landau: ¿Me
puede describir en detalle el día que fue
arrestado por el FBI?
Hernández: Bueno,
fue un sábado [12 de Septiembre, 1998].
Yo estaba durmiendo. Eran aproximadamente las
6 de la mañana. Yo vivía en un apartamento,
en un edificio, era bastante pequeño, de
un cuarto. Mi cama estaba bastante cerca de la
puerta, precisamente por ser pequeño. Recuerdo
haber escuchado que alguien estaba forzando la
cerradura, dentro del sueño. Apenas me
dio tiempo de reaccionar porque sentí un
estreno bien grande porque tumbaron la puerta.
Era un team SWAT. Prácticamente eso no
me dio tiempo ni de sentarme en la cama y estaba
rodeado por personas con ametralladoras y con
sus cascos, y todo se ha visto en las películas.
Me arrestaron, me levantaron de la cama, me esposaron,
me revisaron la boca. Parece que habían
visto muchas películas de James Bond y
pensaron que yo iba a tener cianuro en la boca.
Me revisaron la boca para ver si no me iba a envenenar.
Les pregunte porque me estaban arrestando, y me
dijeron, “Tu sabes porque.” Me montaron
en un carro y me llevaron para el cuartel del
General del FBI en el Sur de la Florida que esta
en la Avenida 163, allí en Miami. Allí
comenzó el interrogatorio. Pero el arresto
fue así como le digo.
Landau: ¿Y
te pusieron en “la caja”?
Hernández: En
el cuartel del FBI estuvimos un tiempo cada uno
en oficinas separadas. Me sentaron en una oficina,
me esposaron las manos a la pared. Allí
me interrogaron. Tuve el “honor” de
que viniera a verme Héctor Pesquera. El
era el director del FBI del Sur de la Florida,
y era Puertorriqueño. Y la identidad que
yo tenía era de Puertorriqueño también;
Manuel Viramonte era supuestamente Puertorriqueño
también. Le dije que era de Puerto Rico
y el me empezó a hacer preguntas sobre
Puerto Rico. Todo tipo de pregunta. ¿Quien
era el gobernador en este año? ¿Donde
tú vivías? ¿Que guagua tu
cogías para ir para á la escuela?
¿Por donde cogías? Y cuando el vio
que yo se las respondía, se molesto bastante.
Le dio un puño a la mesa y dijo, “Se
que eres cubano y que te vas a podrir en una prisión
porque Cuba no va a hacer nada por ti.”
Entonces, no el específicamente, pero ya
los otros que tomaron parte en el interrogatorio
empezaron a hacer todo tipo de oferta. Me decían,
“Tú sabes como es este negocio. Tú
sabes que eres oficial ilegal, y lo que dice el
libro es que Cuba no va a reconocer que ellos
te mandaron para acá con un pasaporte falso.
Cuba no va a poder hacer eso, así te vas
a podrir en una prisión. Lo mejor que tu
haces es cooperar con nosotros te ofrecemos lo
que tu quieras. Te cambiamos la identidad, cuentas
en el banco...” Lo que uno quiera, para
que traicionara. Me decían, “Aquí
esta el teléfono. Llama a tu Cónsul.”
Todo tipo de estrategia para que uno traicionara.
Eso paso a “los Cinco” cada uno por
separado. Posteriormente nos llevaron a la prisión,
al Centro de Detención Federal, en Miami,
y donde nos ponen en lo llamado “el Hueco.”
Landau: ¿Por
cuanto tiempo?
Hernández: Diecisiete
meses. Los primeros cinco meses fueron bastante
difíciles para “los Cinco,”
por supuesto. Los que teníamos identidad
falsa no teníamos nadie a quien escribir,
ni nada quien nos escribiera, ni nadie a quien
llamar por teléfono. A cada cierto tiempo
nos tocaba una llamada telefónica y los
guardias venían y abrían una ventanilla
en la puerta y ponían el teléfono
allí. ¿“No vas a llamar? ¿A
familia allá en Puerto Rico?”
“No,”
decía yo, “No voy a llamar a nadie.”
¿“Pero porque no llamas?” me
decían para mortificar, porque ellos sabían
que uno no era Puertorriqueño y que no
iba a usar el teléfono. Fueron meses bastante
duros.
Landau: ¿Describe
el Hueco?”
Hernández: Es
un área que tiene cada prisión,
para disciplinar a los presos, o en casos de protección
cuando no pueden estar con el resto de la población.
En Miami era un piso; el piso 12. Son celdas de
2 personas, aunque hay quien esta de manera individual.
Nosotros, los primeros 6 meses, estuvimos solos,
cada uno en una celda individual-sin contacto
ninguno. Posteriormente nuestros abogados tomaron
algunas medidas legales para que se nos permitiera
vernos de dos en dos. Pero esos primeros 6 meses
estuvimos en “solitario,” con unas
duchitas dentro de la celda para bañarse
cuando quisiera. Pero así te mojas toda
la celda cuando te banas. Allí uno pasa
las 23 horas del día. Y hay una hora diaria
de recreación en la que lo sacan a uno
de la celda y lo llevan para otro lugar. En Miami
era prácticamente otra celda, pero un poco
mas grande y con unas rejillas, que se podía
ver un poco del cielo. Sabias si era de día
o de noche, y entraba aire fresco. Esa era la
llamada “recreación”. Muchas
de las veces no íbamos porque tomaba mucho
tiempo en lo que esposara a uno, lo revisen, que
le revisen a su celda, que lo lleven. A veces
estuvimos todos juntos en la misma celda y podíamos
conversar. El régimen era muy estricto.
Se usa para disciplinar a los presos, como castigo
por haber cometido una indisciplina grave. Estábamos
23, a veces 24 horas del día dentro de
cuatro paredes bastante pequeñas y sin
nada que hacer. Es bastante difícil del
punto de vista humano. Muchas personas no podían
resistir. Veías como perdían sus
mentes, dando gritos.
Landau: ¿Usted
hizo algo malo?
Hernández: Para
allí fuimos desde el principio. Ellos dijeron
que era para protegernos del resto de la población.
Pero en mi opinión, tiene que ver con intentos
de que nosotros cambiáramos de “orilla,”
que traicionáramos. Cuando no funciono
el miedo ni la intimidación, pensaron,
“Bueno, vamos a ponerlos unos cuantos meses
allí en solitario a ver si no cambian de
opinión.”
Lo único que
se podía leer era la Biblia, y había
que hacer una solicitud por escrito al chaplain.
Hice la solicitud, para tener algo que leer y
pedí una Biblia. Cuando me la traen --
no se si era una gran casualidad o no -- pero
tenia adentro algunas tarjetas, entre ellas con
los teléfonos del FBI. Por si acaso que
se me había olvidado, ¿no? Como
diciendo, “Bueno, si este hombre que es
Comunista esta pidiendo una Biblia… es porque
esta de a punto de virarse. Me imagino que haya
sido la forma en que ellos estaban pensaban, en
el medio de su esquema, de su prejuicio.
Saul Landau está
realizando actualmente (con Jack Willis) un filme
acerca de los Cinco de Cuba. Sus otros filmes
están disponibles en DVD por medio de roundworldproductions@gmail.comThis
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Landau es miembro del Instituto para Estudios
de Política.
Entrevista
por teléfono con Gerardo Hernández
desde la prisión en EE.UU. Tercera Parte
(
05/04/2009 9:45 AM
)
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